FESTIVAL DEL CINE ESLOVENO 2025
Crítica: Stealing Land
por Olivia Popp
- Žiga Virc habla sobre la incapacidad colectiva de preocuparse por problemas reales en su nueva cinta, de tonos teatrales, sobre dos parejas de padre y madre que se reúnen para conversar

El director esloveno Žiga Virc, conocido por el corto Trieste is Ours! y su anterior largometraje, Shooting Blanks [+lee también:
crítica
ficha de la película], regresa con una nueva película, Stealing Land, escrita por Iza Strehar. La película, cuyo título es el nombre traducido de un popular juego infantil (Zemljo Krast), se estrenó a nivel mundial en el Festival del Cine Esloveno, celebrado en la ciudad adriática de Portorož.
Dos parejas de padres —Nada y Zal (Suzana Krevh y Tines Špik) e Irena y Gregor (Lara Vouk y Andraž Jug)— se reúnen en casa de estos últimos para hablar sobre algo ocurrido cuando sus dos hijos de 6 años jugaban a Zemljo Krast. Los mecanismos de defensa de las parejas aumentan a medida que avanza la noche y la discusión acaba convirtiéndose en una escena de abogado del diablo geopolítico, provocaciones inmaduras y burlas personales.
Es probable que los fanáticos del teatro sean capaces de reconocer los parecidos de esta historia con Un dios salvaje de Yasmina Reza, obra de 2008 ganadora de un Tony y un Olivier con la misma premisa: dos parejas de padres cuya conversación sobre sus hijos se tuerce rápidamente, adaptada al cine por Roman Polański con Un dios salvaje [+lee también:
tráiler
ficha de la película]. Cabe destacar que la propia película tiene cierto aspecto teatral, independientemente de las similitudes (sean intencionales o no) con esta conocida obra de teatro.
Las notas de prensa de la película destacan que se rodó en dos días, y su desarrollo y producción se completaron en solo unos meses, lo que quizá refleja esa sensibilidad teatral al pasar del escenario a la pantalla con tanta rapidez. A pesar de esto, Stealing Land no da la sensación de desorden ni de estar incompleta. El diseño de producción es simple pero eficaz al permitir que la acción sea el centro de atención, mediante un brillante uso de la luz para crear escenas variadas, desde los tenues tonos amarillos de la cocina hasta los intensos naranjas de la iluminación exterior.
La puesta en escena y el encuadre de la película reflejan claramente el ambiente que se deteriora, empezando con una toma de frente de ambas parejas, de pie una al lado de la otra, que deriva en una escena estática de los cuatro agitados en la cocina (la escena más teatral de toda la película). Más adelante, se utilizan primeros y medios planos de cada uno de los personajes para marcar la mitad, mientras todos juntos alcanzan una especie de noche oscura del alma. Por último, se marca una división entre ambos géneros (las mujeres son grabadas desde abajo y los hombres desde arriba) para mostrar las alianzas formadas al final, que expone cómo ambas mujeres se apoyan entre sí mientras que los hombres se tratan con condescendencia.
El final de la película, aunque algo predecible, nunca llega a estirar del todo lo absurdo de la situación; en cierto modo, los personajes todavía gustan y se puede empatizar con ellos. La intensidad del humor negro y la inmadurez parental no llega a calar sin la fuerza del formato en escenario, donde los actores pueden llevar al extremo lo físico delante de un público en directo. Sin embargo, las intenciones de Strehar y Virc respecto a la historia son claras: enseñar cómo esas irrelevantes disputas internas suelen eclipsar el verdadero objetivo, solucionar el problema juntos. A medida que las alianzas se forman y se rompen, el ego consume a cada uno de los padres y hace que olviden la verdadera razón de la reunión: sus hijos.
Stealing Land es una coproducción de Lilit (Eslovenia), Zwinger Film (Austria) y Zavod Olaola (Eslovenia).
(Traducción del inglés por Selena Navarro Haro)
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