Crítica serie: A Sámi Wedding
por Giorgia Del Don
- La serie de comedia con toques de drama de Åse Kathrin Vuolab celebra la cultura sami sin esconder las dificultades que supone pertenecer a ella

La serie A Sámi Wedding, que ha sido creada por Åse Kathrin Vuolab —y dirigida por ella misma junto con Pål Jackman— y seleccionada en la competición internacional de series del Geneva International Film Festival (GIFF) tras su proyección en la sección Primetime de Toronto, gira, como indica su título, en torno a la organización de una boda de todo menos convencional. A lo largo de los ocho episodios (de treinta minutos cada uno) que componen esta serie noruega, la protagonista, Garen (magníficamente interpretada por Sara Margrethe Oskal), hace todo lo posible por salvar el honor de la familia al organizar, en apenas un mes, la boda de su hijo Ailo (Per John P. Eira) con la hija de su acaudalada rival. La serie, ambientada en Kautokeino, una pequeña ciudad nevada del norte de Noruega, rinde homenaje a la cultura sami con respeto, sin dejar por ello de subrayar sus paradojas ni de poner de relieve las dificultades que supone cargar con una tradición ancestral que, en ocasiones, choca de forma violenta con la realidad.
Garen, que desoye los deseos de un hijo que preferiría casarse de manera sencilla y en la intimidad, se dispone a lograr lo imposible: un auténtico matrimonio sami, de esos que normalmente requieren al menos un año de preparativos y la colaboración de familias enteras. El problema es que las personas en las que puede apoyarse son muy pocas y nada fáciles de convencer. Se trata de sus dos hermanos, Harry (Ánte Siri), que vive en Nueva York con su pareja afroamericana, y Johan (el joven Ivan Aleksander Sara Buljo), una especie de donjuán del extremo norte, así como su hermana Belle (Inga Marja Utsi, en su debut en la gran pantalla), de carácter rebelde. Lo que hace que estos antihéroes resulten tan conmovedores son precisamente sus numerosas imperfecciones y su desvergonzada sinceridad. El caos que provocan —a veces sin querer— y el humor que los caracteriza permiten que la serie atrape al público de principio a fin. El lado oscuro con el que los ha dotado la cineasta distingue a A Sámi Wedding de producciones como Mi gran boda griega y la lleva a terrenos más resbaladizos, como los delicados temas del racismo, la homofobia, la violencia sexual o la apropiación cultural.
La elección del reparto, formado mayoritariamente por intérpretes de origen sami —y muchos de ellos en su primera experiencia ante la cámara—, permite que la serie se ajuste de manera sincera y auténtica a su temática y confirma la voluntad de los creadores de hablar de las tradiciones de los pueblos indígenas del norte de Noruega con respeto y precisión. Sin embargo, esta consideración —y esta es otra de las grandes virtudes de A Sámi Wedding— no impide abordar las paradojas de una cultura que no está exenta de tradiciones sexistas, en la que la jerarquía social impide a los más humildes disfrutar de los mismos privilegios que los más ricos, donde los cotilleos están a la orden del día y cada paso en falso se paga muy caro. A Sámi Wedding es una comedia muy entretenida que, en ciertas ocasiones, adopta también una forma más oscura y misteriosa, y es precisamente esa ambigüedad la que la hace única, sorprendente e innovadora. ¿Logrará Garen organizar la boda del siglo? Y, si lo consigue, ¿a qué precio?
A Sámi Wedding ha sido producida por Mer Film, Tordenfilm y Forest People, y las ventas internacionales de la serie corren a cargo de REinvent Studios.
(Traducción del italiano)
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