Crítica: Saipan
por David Katz
- Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn dirigen una fascinante dramatización de la amarga salida del futbolista Roy Keane de la selección irlandesa durante el Mundial de 2002

En su etapa de apogeo, en torno al cambio de milenio, Roy Keane era un futbolista tan habituado a ganar títulos como a ser expulsado y castigado con sanciones de varios partidos. En el Manchester United, su club principal, encontró una vía natural para ambas cosas, especialmente para la primera. Sin embargo, representar a la selección de Irlanda en el Mundial de Japón y Corea 2002 fue una experiencia más complicada para este centrocampista de principios firmes pero temperamento volátil. Su enfrentamiento con su seleccionador, Mick McCarthy, que desembocó en su salida de la concentración previa al torneo en una isla del Pacífico, se convirtió aquel verano en un insólito tema candente en las Islas Británicas, un espectáculo público del que era imposible apartar la mirada.
Dos décadas después, llega Saipan, dirigida por Lisa Barros D’Sa y Glenn Leyburn, una sólida (aunque escueta) dramatización del incidente, titulada como el lugar donde ocurrió. Acumulando 12 nominaciones en los Premios del Cine y la Televisión de Irlanda (IFTA), la cinta se estrena hoy en el Reino Unido de la mano de Vertigo Releasing y la próxima semana pasará por el Festival de Göteborg, tras presentarse originalmente en Toronto el año pasado.
El drama es conflicto, como dicta el tópico, y el guionista Paul Fraser lo expresa con mayor intensidad en lo que ocurre fuera del campo que en los partidos de once contra once. ¿Cómo acaban dos profesionales aparentemente serenos como Keane (interpretado por Éanna Hardwicke) y McCarthy (un concentrado Steve Coogan) perdiendo todo decoro y dignidad?, se preguntan los cineastas. Al igual que en las películas ambientadas en los mundos de la política o los negocios de alto nivel (que parecen una inspiración clave en este caso), este choque de egos masculinos que se creen infalibles, pero son en realidad muy frágiles, desencadena una serie de consecuencias destructivas pero previsibles.
Lejos de la imagen de agitador voluntarioso y bala perdida que le atribuían sus críticos más duros, Hardwicke retrata a Keane como una persona disciplinada e inteligente, comprometida con mantener los altos estándares que también exigía a los demás, aunque propensa a patrones de conducta autodestructivos. Podríamos decir que es una caracterización influida por la atención a la salud mental masculina en el fútbol actual, algo que en aquel entonces no tenía un reflejo comparable. Barros D’Sa y Leyburn dirigen con cuidado a Coogan para evitar manierismos a lo Alan Partridge y no denigrar aún más a McCarthy, una figura que fue objeto de burlas para toda una generación de aficionados. En su lugar, lo muestran como un burócrata anodino dentro del deficiente entramado del fútbol irlandés, incapaz de someter a un jugador cuya veta de crueldad y sentimiento de superioridad era tan amplia como su talento.
La tensión más desgarradora de la película surge de una cuestión de autenticidad: con las carreras de ambos floreciendo en el Reino Unido, se generan sentimientos complejos de apego a su país y de traición parcial hacia él. Con un Keane que no muestra remordimiento alguno por su decisión final de marcharse y una selección que, de hecho, firmó una actuación respetable en el torneo, los cineastas nos dejan a nosotros decidir quiénes son los vencedores simbólicos de este conflicto. Con todo, esta película, excesivamente modesta, resulta más impactante cuando adopta la perspectiva de Keane, sin rehuir mostrar el orgullo y la lealtad irlandesa, ya sea obligada a manifestarse en Inglaterra o tan al este como en Saipán.
Saipan es una coproducción entre Irlanda y el Reino Unido, a cargo de Wild Atlantic Pictures y Fine Point Film. Bankside Films se ocupa de sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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