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SOLEURA 2026

Crítica: Be Boris

por 

- Benoît Goncerut nos transporta al universo de Boris, un amigo de la infancia que, en lugar de ceder a la presión de la productividad, ha optado por el placer de no hacer nada

Crítica: Be Boris

A medio camino entre el protagonista de El gran Lebowski y Buster Keaton, a la vez divertido y melancólico, Boris, el personaje principal de Be Boris [+lee también:
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, de Benoît Goncerut, en competición por el premio del público en las Jornadas de Soleura, fascina por el desparpajo que demuestra tener al reivindicar su derecho a la pereza. En realidad, Boris, un hombre de 38 años con una inmensa cultura cinematográfica y literaria, que está a punto de agotar su prestación por desempleo, sin domicilio fijo e increíblemente despreocupado, tiene el valor de hacer lo que todos querríamos y no nos atrevernos a hacer: dejar de obedecer las reglas despiadadas y consumistas de nuestro sistema social.

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El protagonista del primer largometraje en solitario de Benoît Goncerut no pretende erigirse en ejemplo a seguir; más bien ofrece pistas concretas para sobrevivir en un mundo cada vez más dominado por la inteligencia artificial, que dejará a muchas personas sin trabajo. Para ellas, lo peor no será quedarse en paro, sino perder todo punto de referencia, no saber qué rumbo tomar una vez desmontado el mito de la productividad a cualquier precio. ¿Y si, como sugiere Boris, la verdadera felicidad residiera precisamente en reivindicar una pereza inherente a cada uno de nosotros, en cuidarnos sin prisas, alimentar nuestro intelecto y concedernos regeneradores momentos de dulce inactividad durante los cuales soñar con una realidad distinta, más cálida y honesta?

Como afirma el propio director, Be Boris no es una película sobre Boris, sino con Boris: una reflexión tragicómica, aparentemente desenfadada y melancólica, sobre el verdadero sentido de la vida. Despreocuparse, vivir el presente de manera hedonista sin inquietarse por dejar la tan cacareada huella de nuestro paso por la Tierra es algo que el protagonista encarna sin alardes, una elección personal que lleva como una segunda piel. Si al comienzo del largometraje el director parece observar a su amigo y protagonista con curiosidad y diversión, la convivencia cinematográfica transforma su relación en algo distinto y más intenso, como si una parte de Boris se hubiera infiltrado en Benoît sin que este llegara a ser del todo consciente. Be Boris es también una reflexión sobre el cine y sobre las dificultades de sacar adelante una película bajo la presión de las cargas financieras, que inevitablemente parasitan el proceso creativo. De hecho, las dificultades de producción se cuelan en la narración a través de un continuo juego de espejos entre realidad y ficción.

Sin embargo, los momentos más interesantes de la cinta son aquellos en los que Boris deja entrever sus fragilidades, las dudas que inevitablemente también lo atormentan. La escena en la que, empapado en sudor, espera a los agentes judiciales que van a embargar las pocas pertenencias que posee, intentando mantenerse sereno y distante, resulta especialmente significativa en este sentido. “Boris parece refugiarse en la ficción”, dice la voz en off del director, un universo que sin duda se le asemeja más que la banal realidad a la que se ve obligado a enfrentarse.

Be Boris es una película aparentemente cómica que esconde, no obstante, un alma más oscura y compleja, que juega con el humor de manera inteligente y convierte a su protagonista en la auténtica estrella de su propia vida.

La película ha sido producida por Visceral Films y RTS Radio Télévision Suisse.

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(Traducción del italiano)

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