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SUNDANCE 2026 Competición World Cinema Documentary

Crítica: Everybody to Kenmure Street

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- El emocionante segundo largo documental de Felipe Bustos Sierra ejemplifica el poder de la comunidad contra las acciones racistas de los gobiernos, centrándose en un suceso de 2021 en Glasgow

Crítica: Everybody to Kenmure Street

El 13 de mayo de 2021, al amanecer, las autoridades de inmigración del Reino Unido llegan a Kenmure Street, en Glasgow, donde detienen a dos hombres indios. La noticia corrió rápido por la diversa comunidad de Pollokshields, y sus vecinos, tanto locales como de origen surasiático, salieron a la calle para protegerlos. En Everybody to Kenmure Street, que acaba de tener su estreno mundial en la competición World Cinema Documentary de Sundance, su segundo largometraje documental tras la ganadora del BAFTA escocés Nae Pasaran, el director chilenobelga Felipe Bustos Sierra compone un relato atractivo, esclarecedor e inspirador de aquel día que demostró cómo el poder de la solidaridad puede, al menos, ganar una batalla contra la política antiinmigración intimidatoria del Home Office británico.

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La película comienza con un montaje de la historia de las protestas de Glasgow, acompañado por una versión del suave pero enérgico “Your Sweet Love” de Lee Hazlewood, que recorre desde las sufragistas, pasando por las huelgas de los astilleros, hasta los célebres discursos de Jimmy Reid (cuya propia hija fue vista en Kenmure Street aquel día), las manifestaciones sindicales de la era Thatcher, el discurso de Mandela con motivo de que se bautizara una calle con su nombre y la campaña de 2005 de las Glasgow Girls contra las redadas al amanecer. Cuando la película arranca de verdad, va construyéndose poco a poco: al principio muestra una calle vacía e intercala escenas procedentes de un número creciente de smartphones y cámaras a medida que la acción va en aumento, con entrevistas directas a manifestantes de todos los contextos raciales y religiosos. Partiendo de apenas unas pocas personas que se sentaron alrededor de la furgoneta en la que estaban detenidos los dos hombres, al final del día la concentración había crecido hasta varios miles de manifestantes.

Aunque no es una película sobre héroes individuales, sino sobre la acción colectiva espontánea, un hombre fue clave para impedir que las autoridades antiinmigración se llevaran a los detenidos: el anónimo “Van Man”, que se deslizó bajo el vehículo y pasó el día colgado del eje, haciendo físicamente imposible retirarlo. En ese momento entra en juego la productora ejecutiva Emma Thompson, que lo interpreta en una recreación enérgica y alentadora. Otra estrella de la interpretación, Kate Dickie, da vida a la enfermera que se aseguraba de que estuviera bien, hablando directamente a cámara a través de la rendija entre la furgoneta y el asfalto. En cuanto a los hombres de la furgoneta, escuchamos el testimonio de uno de ellos, en panyabí, sobre una pantalla oscura salpicada de motas de polvo, que logra poner al espectador en su lugar.

Más o menos a mitad de metraje, la película deriva hacia la aparente contradicción de Glasgow, una ciudad orgullosa de su identidad antirracista moderna y, al mismo tiempo, de su historia como uno de los centros del comercio de esclavos del Reino Unido, que impulsó su crecimiento industrial.

El detallado seguimiento de los hechos se mantiene claro y atractivo gracias al montaje de Colin Monie, que los articula en un conjunto elaborado que refleja la lenta escalada de la protesta. La multitud de materiales procedentes de diversas cámaras permite alternar varios ángulos de los mismos momentos o unirlos en secuencias en pantalla dividida. La sutil banda sonora electrónica de Barry Burns, miembro de los gigantes locales Mogwai, a menudo muy atenuada en el diseño de sonido de Jack Coghill, aporta el toque justo para completar el retrato de cómo la comunidad, finalmente liderada por el abogado de derechos humanos Aamer Anwar, consiguió frenar las acciones racistas de la administración de Priti Patel, algo inalcanzable incluso para el Gobierno escocés.

Everybody to Kenmure Street es una coproducción entre la británica Barry Crerar y Debasers Filums, en colaboración con Al Jazeera Documentary. The Party Film Sales gestiona los derechos internacionales.

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(Traducción del inglés)

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