Crítica: Outliving Shakespeare
por Camillo De Marco
- Los armenios Inna Sahakyan y Ruben Ghazaryan documentan un proyecto de terapia en una ruinosa residencia de ancianos de Ereván para demostrar que la interpretación puede luchar contra el ocaso

En su comedia Como gustéis, William Shakespeare pone en boca del anciano y cínico sirviente Jaques el discurso sobre las “siete edades del hombre”, que comienza con “El mundo entero es un escenario y todos los hombres y mujeres no son sino actores” y termina con la referencia a la “segunda infancia”, es decir, la vejez extrema, “mero olvido”, sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada. Quién sabe qué pensaría al respecto el grupo de ancianos de una residencia de Ereván en el documental Outliving Shakespeare, que llevan a escena al Bardo para sentirse más vivos. La película, escrita por Inna Sahakyan y Lilit Movsisyan y dirigida por Sahakyan con Ruben Ghazaryan, se estrenó en la última edición del IDFA de Ámsterdam y ahora se ha proyectado en la competición de documentales del Festival de Trieste.
Como parte de un proyecto de arteterapia para personas mayores, la obra escrita y dirigida por el dramaturgo Garnik Seyranyan se titula Shakespeare Sins y pone en escena a algunos de los personajes más importantes del autor inglés, desde Romeo y Julieta hasta Hamlet, Ofelia, Ricardo III, la reina Ana, Cordelia, Goneril y Regan (las hermanas del rey Lear). El documental sigue la complicada puesta en marcha de la compañía, formada por septuagenarios de una residencia de ancianos nada fáciles de gestionar, a quienes Seyranyan reúne en el Tarmani Theatre, registrando sus posteriores ensayos y concluyendo apenas unos instantes antes de que empiece la función, cuando Garnik grita “¡Luces!”. En esencia, lo que vemos entre un ensayo y otro es la rutina de esta residencia de la capital armenia, cuyos habitantes lidian con la monotonía y el aburrimiento y, a menudo, con problemas físicos y emocionales, pero que también charlan y forjan amistades y relaciones románticas.
La cámara de Bagrat Saroyan escudriña los rostros de los residentes, el ruinoso edificio de la era soviética, gatos que bostezan, mesas de billar y backgammon, nostálgicos retratos de Stalin colgados en la pared y un extraño artefacto parlante y autopropulsado que proyecta viejos dibujos animados rusos. En medio de todo ello, los directores revelan un hecho trágico que perturba la calma de esas habitaciones: radios y televisores difunden noticias de las decenas de miles de refugiados que huyen hacia Armenia desde la región de Artsakh, como se conoce en armenio a Nagorno Karabaj, tras los ataques militares de las tropas azerbaiyanas. La residente Gayane huyó de Artsakh y ahora regresa a casa, pero antes de que termine el documental se ve obligada a huir de nuevo y regresar a Ereván, para hablar de los bombardeos y de los niños escondidos en sótanos sin comida ni medicinas.
La muerte no es un concepto ajeno para quienes viven en la residencia: asistimos al fallecimiento de Ararat, de 88 años, que debía interpretar a Ricardo III, pero acaba siendo enterrado en una fosa común porque no tiene familia. Seyranyan está decidido a montar su obra de Shakespeare, cueste lo que cueste, para que todos dejen de pensar en su final. Persigue a sus actores en el comedor o en sus habitaciones, los “obliga” a mirarse, a trazar paralelismos entre ellos y los personajes de Shakespeare, y a compartir sus vidas pasadas. “¿Cómo fue tu primer amor?”, pregunta. “He tenido cien amantes”, se jacta Ligia, mirando a cámara.
Entonces, ¿es posible “sobrevivir” a Shakespeare? El documental muestra humanidad y sensibilidad al retratar la experiencia contemporánea del declive asociado a la edad. En un mundo en el que prestamos tanta atención a diseñar espacios para la infancia o el trabajo, Sahakyan y Ghazaryan sugieren que, en lugar de esperar fármacos cada vez más milagrosos que alarguen la vida, lo adecuado sería centrarse en diseñar nuestras comunidades y estructuras sociales para que apoyen mejor la fase final de la existencia. Y combatir el “mero olvido” a través del teatro.
Outliving Shakespeare es una coproducción entre Armenia y los Países Bajos, a cargo de Bars Media Documentary Film Studio y Bind.
(Traducción del italiano)
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