Crítica: Abele
por Camillo De Marco
- La cinta del documentalista Fabian Volti traza un paralelo entre los pastores de Cerdeña y los de Palestina, ofreciendo una metáfora sobre la resistencia en todas las latitudes

Con Abele, el documentalista Fabian Volti traza un arco audaz entre Cerdeña y Palestina, y lo hace a través de la comparación y la búsqueda de afinidades simbólicas entre las vidas de los pastores del mar Mediterráneo y las de los habitantes de las regiones desérticas de Oriente Medio. Es de estas semejanzas de donde se intenta extraer una enseñanza, y todo ello en “un mundo dominado por el caos”, como subraya una cita de Lord Byron al final de la película.
La película, escrita por Volti junto con Stefania Muresu, ha sido presentada en la competición por el premio Corso Salani en el Festival de Trieste. Entre la isla del Mediterráneo occidental y el desierto de Judea, que se extiende desde el este de Jerusalén hasta el mar Muerto, los autores imaginan un encuentro con el personaje bíblico que da nombre a la película: Abel, el segundo hijo de Adán y Eva, que cuidaba un rebaño de ovejas y acabó siendo asesinado por su hermano Caín. El largometraje recuerda asimismo que el profeta Mahoma, en su juventud, también se ocupó del ganado en pastoreo. La fotografía, a cargo del propio Volti junto a Luigi Bosio y Roberto Farace, dibuja la geometría ondulante de territorios alejados de la “civilización”, captando gamas de marrones y verdes grisáceos que se disuelven en el azul de las montañas lejanas y del cielo. El montaje, firmado por Stefania Muresu, Carlotta Guaraldo y Enrico Masi, incorpora material de archivo (procedente del Fondo Fiorenzo Serra de la Cineteca Sarda, Associated Press y British Pathé), y los saltos entre el ayer y el hoy apenas se perciben. Las voces narradoras de Alberto Masala y Odeh Khalil Kharabshe nos trasladan a dos geografías distintas, con lenguas diferentes (árabe y sardo) y culturas y rostros cuyas afinidades se revelan con claridad.
“En tiempos de mi abuelo, los beduinos vivían en las montañas; toda la tierra entre Jerusalén y Belén era desierto”, evoca un joven pastor. Nadie te preguntaba de dónde venías ni adónde ibas. Entre antiguos establos abandonados y un campamento actual equipado con algunos paneles solares, vemos pasar a toda velocidad a turistas en motos de enduro y quads. Hoy, como antaño, los pastores recorren decenas de kilómetros para alimentar y dar de beber a camellos y ovejas. Afrontan los mismos peligros: hienas que atacan a los corderos y escorpiones mientras duermen. La primera estrella de la mañana, Al-Suhail, nace por el este. Sin embargo, el desierto ya no les pertenece. “Hace tiempo llegaron barcos israelíes desde el mar Muerto y los soldados dispararon contra los beduinos. Ahora hay militares y zonas prohibidas por todas partes. Los asentamientos de los colonos llegan a pocos metros de nuestras casas”.
Severino vive cerca de la base militar de la OTAN en Teulada (Cerdeña), y pastorea sus cabras en la zona prohibida. El mar está muy cerca. En las altas mesetas de la cordillera de Supramonte, el invierno es implacable y los refugios para animales y pastores siguen siendo de madera de enebro y piedra. Alguien nos cuenta que, en primavera, las águilas se abalanzaban sobre los corderos, las cabras y los cerdos. Tenían que utilizar un antiguo conjuro para protegerlos de las aves rapaces. Y la primera estrella de la mañana, la estrella de los pastores, sigue siendo el planeta Venus.
El objetivo declarado del director es contar la historia de hombres que sobreviven y luchan contra las contradicciones geopolíticas del presente, reiterando ciclos productivos seculares y permaneciendo arraigados en territorios que han sufrido profundas transformaciones. La comparación puede parecer no del todo adecuada, ya que no es equiparable el sentimiento de aislamiento de los pastores sardos con la sensación de asedio que caracteriza a los palestinos, obligados a enfrentarse a diario a las políticas coloniales del Estado ocupante. Sin embargo, la figura de estos pastores, que aún hoy siguen los antiguos ciclos de los astros y encarnan una humanidad auténtica, primitiva y sagrada, influida por tradiciones ancestrales, funciona eficazmente como metáfora de formas de resistencia en todas las latitudes.
Abele es una producción de Roda Film en colaboración con Caucaso.
(Traducción del italiano)
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

















