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GÖTEBORG 2026

Crítica: The Quiet Beekeeper

por 

- Marcus Carlsson ofrece una cálida muestra de humanidad imperfecta en el corazón de Suecia

Crítica: The Quiet Beekeeper
Adam Lundgren en The Quiet Beekeeper

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, que parece hecha prácticamente a medida para inaugurar la 49.ª edición del Festival de Gotemburgo, despertó bastante interés antes de su estreno. El principal foco de atención recae en el guionista y director Marcus Carlsson, cuya obra, hasta ahora distribuida de forma modesta, ha sido muy apreciada por quienes se han acercado a ella, y lo cierto es que la participación del cineasta este año en la sección Nordic Competition no hará sino darle aún más relevancia.

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La película, ambientada en la provincia centro-occidental de Värmland, justo en la frontera con Noruega, se desarrolla en la Suecia “americana”, donde robustas camionetas pick-up recorren el rústico interior del país mientras los enormes trenes madereros siguen circulando, tal y como lo hacían hace 100 años. “Quien es feliz, se queda”, dice Olof (Adam Lundgren, también coescritor del guion). Como su padre y su abuelo antes que él, Olof cría abejas y en invierno conduce una quitanieves para pagar las facturas. La familia inmediata de Olof está formada por su madre Christina, su hermana Amanda y su hija adolescente Lise, que le proporcionan consuelo, sentido de pertenencia y chispa a su vida cotidiana. El hecho de ser soltero e indudablemente atractivo le lleva de vez en cuando a aventurarse en relaciones sin compromiso con mujeres de la zona. Luego están las abejas, por supuesto, que son casi como de la familia, incluso cuando de vez en cuando le infligen una picadura de las que amargan...

Los verdaderos problemas de Olof residen en acontecimientos recientes de su vida, en concreto la muerte de su esposa y madre de su hija. En sintonía con este entorno tan recio, los hombres son de pocas palabras, y el protagonista no es una excepción. Su madre, Christina, murmura con cansancio sobre “el típico comportamiento de hombres”. La hija, Lise, se muestra cada vez más frustrada —y con razón—, y en ocasiones también ella pica con dureza. Otro asunto que se despacha con un encogimiento de hombros son la tos y los dolores físicos que asaltan con regularidad a Olof. No cabe duda de que este silencioso apicultor no está pasando por el mejor de sus momentos.

Aunque sobre el papel pueda parecer sombría, en realidad la película no lo es en absoluto, en buena medida gracias al tratamiento atento del retrato cálidamente melancólico y afirmativo de una humanidad imperfecta. En su declaración de intenciones como director, Carlsson cita el cine de Kelly Reichardt y a Peter Fonda en El oro de Ulises (otro apicultor), pero el tono principal es pura y auténticamente escandinavo, y prueba de ello son las referencias a las nuevas olas de los años sesenta y a cineastas como Bo Widerberg y Jan Troell (a quien se agradece en los créditos finales). Al igual que estos apreciados precursores, Carlsson selecciona cuidadosamente a actores profesionales experimentados junto con debutantes y captura esos momentos mágicos fortuitos que pueden surgir —y de hecho surgen—. Señalar una interpretación por encima de las demás resulta casi injusto para quienes no se mencionan, pero Marika Lindström, veterana del teatro y el cine y rostro popular de varias series de los años ochenta, rara vez ha estado mejor que como la siempre fiable madre de Olof. La debutante en celuloide Hedvig Nilsson bien podría ser uno de los descubrimientos del año en el papel de la arisca Lise. Adam Lundgren, todo un chico de oro de series suecas como The Restaurant, y visto recientemente en The La hermanastra fea [+lee también:
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, ofrece una de sus mejores interpretaciones en el papel protagonista. Los admiradores más entusiastas reconocerán a Christina Lindberg (Desenlace mortal), icono del cine grindhouse de los años setenta, en el papel de una bondadosa enfermera nocturna de la unidad de oncología, un excelente reparto que rompe con los estereotipos.

También merecen elogio la atmosférica banda sonora del legendario Janne Schaffer —sin cuya guitarra lírica ABBA no sonaría igual— y el dialecto, igualmente lírico, prácticamente ininteligible para la mayoría y generosamente subtitulado para todos.

The Quiet Beekeeper es una producción sueca dirigida por Mariedamfilm y coproducida por SVT, Region Värmland, Auditory y Shoot & Post.

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(Traducción del inglés)

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