Crítica: Agnus Dei
por Fabien Lemercier
- Massimiliano Camaiti firma un primer largometraje documental elegante, contemplativo e íntimo en el corazón del monasterio romano de Santa Cecilia en Trastevere

No hay mensaje ni mensajero, ya que se trata de un encuentro. Estas palabras litúrgicas se escuchan con bastante frecuencia en Agnus Dei [+lee también:
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ficha de la película], el primer largometraje documental del director italiano Massimiliano Camaiti —que pasó varios meses en un convento benedictino católico—, presentado en la sección Biennale College Cinema de la 82.ª Mostra de Venecia y en competición internacional esta semana en FIPADOC, que destaca por su delicadeza y observación, así como por no pretender imponer ningún punto de vista concreto en ningún momento. La película, que capta pacientemente la atmósfera de un lugar de gran belleza visual, bañado por una sensación de atemporalidad y una vida cotidiana arraigada en la simplicidad y marcada por la oración y el trabajo —de acuerdo con la regla del fundador de la orden—, sigue los pasos de la película de Philippe Gröning de 2005 El gran silencio [+lee también:
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entrevista: Philip Groening
ficha de la película], pero añade un elemento sorprendente que estructura toda la narración: la historia de dos corderos, enviados allí poco después de nacer. Así, al espectador se le revela la vida del monasterio de Santa Cecilia (un microcosmos de tradiciones milenarias en el barrio romano de Trastévere) de un modo comparable al del burro de EO [+lee también:
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ficha de la película], de Jerzy Skolimowski (2022), o la gallina de Hen [+lee también:
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entrevista: György Pálfi
ficha de la película], de György Pálfi (2025).
Tras ser separados al nacer de su madre y de un rebaño de ovejas en el campo, estos dos jovencísimos protagonistas son trasladados hasta la capital, adornados con cintas y llevados en una cesta repleta de flores hasta su nuevo hogar, donde son bendecidos antes de ser confiados a su nueva “madre”: la hermana Vincenza, una mujer de más de 70 años que los instala en un cobertizo al fondo del —magnífico— jardín y los alimenta con biberón. Se trata de una tarea a la que la monja está claramente acostumbrada, como atestiguan las fotografías con antiguos huéspedes. ¿De qué va todo esto? ¿Cuál será el destino de estos dos animales inocentes y blancos como la nieve, que se encariñan con su tutora, siguiéndola a todas partes o explorando el perímetro sin permiso hasta que ella los encuentra y los devuelve con suavidad a su “habitación”? Mientras tanto, los días se repiten en el monasterio a través de una sucesión de actividades inmutables: desde cocinar hasta ir a la iglesia, rezar, comer, hacer jardinería, tejer y encuadernar libros, y todo ello al son de lecturas religiosas o de las noticias de Radio Vaticano que detallan los problemas de salud del papa Francisco. Cinco meses después, en primavera, se revelará el desenlace de la historia, el motivo de la presencia de estos corderos, pero también una faceta completamente inesperada de la hermana Vincenza…
Sacrificio, maternidad, tradiciones… Se trata de un mundo y un ritmo radicalmente opuestos a la velocidad y la agitación de la modernidad, algo que el director (que ya se dio a conocer en 2021 con el largometraje de Netflix En la misma ola [+lee también:
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ficha de la película]) retrata con calma y respeto. El formato 4:3 y las hermosas tomas —estáticas— del director de fotografía Ilya Sapeha (Futura [+lee también:
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ficha de la película]) hacen justicia al magnífico escenario, con un leve toque de claustrofobia que encarna el confinamiento voluntario de estas religiosas entregadas a un círculo de actividades repetitivas. Todo ello conforma una atmósfera de silencio, perfectamente complementada por la música de Husk Husk, que marca el tono de un documental tranquilo (con especial atención a la evolución de la naturaleza en el jardín) y sutilmente conmovedor, como un humilde viaje a otro lugar donde el tiempo se detiene.
Agnus Dei es una producción de Cinemaundici con el Biennale College Cinema y Rai Cinema. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de True Colours.
(Traducción del francés)
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