SUNDANCE 2026 Competición World Cinema Dramatic
Crítica: Filipiñana
- El debut de Rafael Manuel, que se basa en su propio cortometraje, es un ejercicio de control visual, pero sus lentas ambiciones se derrumban por su propio peso

Estrenada en la competición World Cinema Dramatic de Sundance y pronto proyectada en la sección Perspectives de la Berlinale, Filipiñana [+lee también:
tráiler
entrevista: Rafael Manuel
ficha de la película], la ópera prima de Rafael Manuel, amplía el cortometraje homónimo del director, presentado en 2020, hasta convertirlo en un ejercicio de 100 minutos de control visual que, pese a su pulido aspecto formal, tiene dificultades para justificar tanto su duración como sus ambiciones.
El problema más evidente es el ritmo. La película es extremadamente lenta y transmite a menudo la sensación de haber estirado la idea del cortometraje muy por encima de sus posibilidades. Predominan los planos largos y las composiciones abiertas y estáticas que, en teoría, invitan a la contemplación, pero que en la práctica refuerzan una sensación de inmovilidad que pronto resulta frustrante. Lo que quizá funcionaba como un corto de atmósfera se convierte aquí en una prueba de resistencia, con escenas que se prolongan mucho más allá del punto de recompensa emocional o narrativa.
Esta laxitud temporal se ve agravada por unas interpretaciones que permanecen curiosamente inertes. La actuación en general es plana, marcada por pausas prolongadas y una expresividad contenida que aportan poco en términos de tensión dramática o de capas psicológicas. En lugar de generar desasosiego, los silencios a menudo parecen vacíos, como si la película aguardara a que el sentido aflorara por sí solo. La estructura libre y elíptica complica aún más las cosas, dificultando innecesariamente captar lo que, en el fondo, es un relato muy básico.
La historia sigue a Isabel (Jorrybell Agoto), una joven caddie de golf en un exclusivo club de campo, que se siente inexplicablemente atraída por el Dr. Palanca (Teroy Guzman), presidente del club. La película sugiere una historia oscura y compartida, así como una violencia soterrada bajo la superficie inmaculada del recinto, pero estos elementos permanecen frustrantemente abstractos. Las pistas narrativas se dispersan en lugar de desarrollarse, y la película parece extrañamente reacia a articular qué está realmente en juego.
Sin embargo, a nivel visual, Filipiñana es indudablemente una propuesta lograda. Filmada por Xenia Patricia, la película está primorosamente construida, con imágenes que remiten a cuadros compuestos con sumo cuidado. Las acciones están coreografiadas con evidente precisión, y el diseño de producción y el trabajo de vestuario contribuyen a un mundo estético meticulosamente controlado. Como experiencia puramente visual, la cinta resulta impactante.
Lamentablemente, más allá de ese placer superficial, hay poca sustancia que sostenga el interés. Durante casi 100 minutos (que se perciben considerablemente más largos), la película no logra generar empatía hacia sus personajes ni auténtica curiosidad por su destino. La presunta sátira o crítica social, centrada en las jerarquías de clase y las estructuras de poder poscoloniales, permanece en gran medida en el terreno de lo teórico. Vemos, por ejemplo, a un camarero sometido a la autoridad de un supervisor, pero la película rara vez muestra estas relaciones de poder en acción, transformándose o siendo subvertidas. En su lugar, asistimos a gestos ritualizados que reproducen roles establecidos sin cuestionarlos de forma significativa.
Como resultado, la dimensión política que la película parece ansiosa por afirmar permanece casi invisible, inferida más a partir del estatus social de los personajes que de las propias situaciones dramáticas. La violencia y el control insinuados en la premisa nunca terminan de materializarse en pantalla.
En última instancia, Filipiñana desemboca en un desenlace poco satisfactorio, reflejo de una experiencia de visionado curiosamente hueca. Al espectador le queda la persistente sensación de que, si el mismo cuidado dedicado al diseño de producción y a la fotografía se hubiera aplicado al guion y a la dirección, el resultado podría haber sido algo verdaderamente memorable. Tal y como está, el debut de Manuel anuncia la llegada de un poderoso estilista visual, pero también expone los límites del rigor estético cuando no va acompañado de urgencia narrativa ni de profundidad emocional.
Filipiñana es una producción de Film4 (Reino Unido), Pōtocol (Singapur), Ossian International (Reino Unido), Easy Riders Films (Francia), Idle Eye (Países Bajos) y Epicmedia Productions (Filipinas). La estadounidense Magnify se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 17/02/2026: Berlinale 2026 - Filipiñana
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