SUNDANCE 2026 Competición World Cinema Dramatic
Crítica: Lady
por Martin Kudláč
- Olive Nwosu ofrece el retrato de una mujer de la ciudad de Lagos de hoy en día que lucha por sobrevivir, entre solidaridad y autodeterminación

La cineasta Olive Nwosu, nacida en Lagos y afincada en Londres, ha presentado su ópera prima, Lady [+lee también:
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ficha de la película], en la competición World Cinema Dramatic del Festival de Sundance, antes de proyectarlo también en el Panorama de la Berlinale. La película se centra en Lady (Jessica Gabriel’s Ujah), una de las pocas taxistas mujeres que se gana la vida en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. La subida del precio del combustible y un clima político turbulento agravan su creciente agotamiento mientras intenta ahorrar lo suficiente para dejar Lagos y llegar a Freetown, en Sierra Leona, el lugar de nacimiento de su madre. Cuando Pinky (Amanda Oruh), una amiga de la infancia que ahora es trabajadora sexual, reaparece en su vida con una oferta que promete ingresos más rápidos, la rutina solitaria de Lady se abre a una sororidad nocturna cuya calidez y volatilidad empiezan a reconfigurar su sentido de la autonomía, mientras afloran traumas no resueltos.
La obra de Nwosu se ha centrado de forma consistente en mujeres que lidian con estructuras heredadas. Sus anteriores cortometrajes, Troublemaker y Masquerade, abordaban esta tensión de forma oblicua a través del ritual, la comunidad y la memoria generacional. Lady pone el foco en una protagonista que se busca la vida en un entorno patriarcal, ahorrando para alcanzar un futuro mejor en otra parte y escondiendo sus ganancias en un agujero dentro de su vivienda improvisada.
Nwosu esquiva los tópicos habituales del drama sobre la pobreza. La dirección de fotografía de Alana Mejía González mantiene una energía estimulante, mientras que Gabriel’s Ujah logra anclar la película a través de la empatía hacia un personaje impulsado por la idea de Freetown como una salida a sus circunstancias actuales. Cuando el proxeneta y gánster local Fine Boy (Bucci Franklin) le propone, a instancias de Pinky, llevar a las trabajadoras sexuales a casa de los clientes, Lady se resiste a ser manipulada. Su negativa a ceder fija unas condiciones que Fine Boy termina aceptando.
Nwosu, que también firma el guion, dosifica con cuidado las revelaciones de la historia. Poco a poco, el espectador entiende por qué el lugar de nacimiento de su madre funciona como una proyección de una vida mejor, así como el origen de su resentimiento hacia Pinky y su aversión al trabajo sexual y a los hombres en general. Durante los trayectos nocturnos hacia sus citas con clientes adinerados, la distancia cautelosa da paso a una solidaridad incipiente a medida que se forjan nuevos lazos entre Lady y un grupo heterogéneo de mujeres. En este punto, la película pasa del planteamiento inicial propio del drama social a un estudio de personaje más concentrado, reforzado por el encuadre observacional de la protagonista a cargo de González.
A medida que avanza la historia, Lady adopta una paleta cromática más vívida y un ritmo visual más acentuado. En una secuencia clave, tras rechazar repetidamente las invitaciones para unirse a las fiestas de los clientes y esperar sola en su taxi por la noche, Lady cede a la curiosidad y entra en una casa. La fotografía se vuelve cada vez más onírica, marcada por un montaje acelerado, mientras afloran traumas de infancia largamente reprimidos que desvelan el origen de su resistencia al sexo en general. Aunque esta secuencia estilizada adopta fugazmente una estética cercana al videoclip, los pasajes nocturnos están moldeados de forma más consistente por influencias visuales del neo-noir.
Aunque Nwosu mantiene su interés por los puntos de vista marginales y los vínculos femeninos colectivos, Lady acaba colocando en primer plano el retrato de una mujer que intenta afirmar su agencia en unas circunstancias personales, económicas y sociales limitantes. En el tercer acto, los elementos de género se acentúan a medida que la película vira hacia el melodrama, culminando en una resolución sentimental y de sacrificio personal marcada por un fuerte impulso emotivo. Aunque la película recurre a temas narrativos familiares, incluida la dicotomía virgen-prostituta, Lady señala la aparición de una nueva voz, enraizada en una autoría africana y atenta a las condiciones de género que configuran la vida de las mujeres dentro de una sociedad patriarcal, mientras adopta un estilo de narración orientado al público.
Lady es una coproducción entre Reino Unido y Nigeria, producida por Ossian International y coproducida por Good Gate Media y Emperium Films. Entre los productores ejecutivos se encuentran Level Forward, el BFI, Film4, Screen Scotland y Amplify. Sus ventas internacionales corren a cargo de HanWay Films.
(Traducción del inglés)
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