Crítica: Real Faces
- El primer largometraje de Leni Huyghe es un discreto y conmovedor retrato de los treintañeros que aprenden, tarde, a vivir la vida como ellos quieren

El primer largometraje de Leni Huyghe, Real Faces [+lee también:
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ficha de la película], tiene algo sutilmente conmovedor que evita los crescendos dramáticos en favor de una narración más observadora y paciente. La película, que se estrenó el año pasado en el SXSW y ahora se está proyectando en el Filmfestival Oostende, está ambientada en Bruselas y se desarrolla con una soltura casi propia de un documental. La trama sigue a Julia (interpretada por Leonie Buysse), una agente de casting de 30 y tantos años que se muda a la capital belga tras una ruptura amorosa para supuestamente volver a empezar en lo profesional y lo sentimental. Sin embargo, lo que aflora gradualmente es el retrato de una persona que no tiene las cosas tan bajo control como querría aparentar, alguien que oculta la incertidumbre tras una cuidada fachada de aptitud y optimismo.
Mientras tanto, Julia no puede permitirse más que alquilar una habitación. Su casero, Eliott (Gorges Ocloo), es un retraído doctorando en microbiología que espera continuar su investigación en Groenlandia.
Buena parte de la fuerza de la película radica en un reparto que funciona a la perfección y, sobre todo, en la química entre Julia y Eliott, que se siente moldeada con paciencia más que calculada. Su vínculo crece a través de una serie de pequeños giros (momentos de incomodidad, juego y confianza incipiente) y la película es lo suficientemente inteligente como para permitir que sea esa evolución la que haga el trabajo duro. El hecho de que podamos seguir esta relación desde el lado de Julia también es crucial para que funcione: ella pasa de la distancia inicial a una simple curiosidad y, poco a poco, a algo más genuino y profundo, mientras que Eliott se involucra cada vez más en su día a día.
La relación con su jefe, interpretado por Yoann Blanc, es igual de gratificante. Su personaje oscila entre la ingenuidad infantil y un cierto egocentrismo que nunca llega a convertirse en toxicidad pura y dura. En muchas ocasiones Julia parece asumir un rol casi maternal con él, lidiando con su ego y a la vez gestionando sus propias frustraciones en silencio.
El primer giro narrativo de la película llega cuando Julia se une a un nuevo proyecto: un proceso de selección para un anuncio de perfume que requiere un exhaustivo casting callejero. Estas secuencias son bastante convincentes, integrándose sin problema alguno con el enfoque visual de cámara en mano y tintes documentales preferido por el director de fotografía, Grimm Vandekerckhove.
La cámara se queda cerca de los cuerpos, atenta a gestos y vacilaciones, permitiendo que la naturaleza improvisada de las audiciones marque el ritmo de las escenas. Los castings en el estudio y los encuentros a pie de calle se sienten vivos, toscos y a veces incómodos de una manera que encaja a la perfección con las propias dudas de los personajes. Un juego de adivinanzas entre Julia y Eliott en el que tienen que citar películas famosas sintetiza este enfoque: improvisado con ligereza, íntimo y lo suficientemente revelador.
El ritmo es una de las cualidades más infravaloradas de Real Faces: con una duración de 92 minutos, la película no se extiende más de lo debido ni se apresura hacia el final. En cambio, Huyghe opta por una progresión medida que permite que el espectador capte con sutileza los giros emocionales. Este control puede impedir que la película brille en términos de originalidad narrativa, pero actúa como un pilar firme basado en experiencias vividas y reconocibles para la audiencia.
En muchos aspectos, Real Faces funciona como una historia sobre el paso a la adultez dirigida a las personas de entre 30 y 40 años: aquellos que podrían estar altamente cualificados, que ya han vivido una o dos vidas, viajado extensamente y “recorrido de arriba a abajo todas y cada una de las carreteras”, parafraseando y tomando prestada la referencia de la canción a la que el autor de esta crítica alude a sabiendas. Para estas personas el desafío ya no es empezar a vivir, sino entender cómo vivir a su manera: primero, identificando cuál es esa “manera” realmente y, después, encontrando la libertad y la capacidad para actuar y perseguirla.
Es en ese sentido en el que Real Faces logra conmover con mayor fuerza. La película le habla a una generación europea —y generalizando, occidental— que a menudo se siente infravalorada por su entorno laboral, suspendida entre la precariedad y la ambición, pero aún dispuesta a probar nuevos caminos con la esperanza de avanzar. Es un proceso lento y muchas veces incierto, pero con el que muchos espectadores, incluidos los más jóvenes, probablemente empatizarán.
Real Faces es una producción de las firmas belgas Mirage y Hélicotronc. Las ventas internacionales corren a cargo de la compañía británica Alief.
(Traducción del inglés por Elena Llorca)
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