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IFFR 2026 Competición Tiger

Crítica: Unerasable!

por 

- Socrates Saint-Wulfstan Drakos realiza un magnético ensayo que convierte el exilio, la represión y la violencia burocrática en una inquietante experiencia cinematográfica

Crítica: Unerasable!

Presentada este año en la Competición Tiger del IFFR, Unerasable! es un ensayo cinematográfico que exhibe su urgencia sin disimulo mientras arrastra al espectador hacia una odisea profundamente personal. Dirigida por Socrates Saint-Wulfstan Drakos (seudónimo del cineasta), la película deja claro desde el principio que los nombres, las imágenes e incluso los recuerdos no son terrenos neutrales, sino espacios de control, borrado y supervivencia.

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La premisa se expone con una claridad desarmante. Tras la Guerra de Vietnam, y a lo largo de las décadas siguientes, el régimen fue estrechando su control sobre las libertades civiles, justificando la represión y la violencia sistémica en nombre de la “supervivencia nacional”. A partir de ahí, la película sigue a un cineasta (cuya identidad nunca se revela), artista independiente y activista prodemocracia, mientras es torturado y obligado a huir del país en 2018. Así comienza un largo periplo de desplazamiento que se prolonga durante años y lo lleva por Tailandia hasta acabar en Suecia. Enemigos hay muchos; aliados, pocos pero cruciales, entre ellos la activista y escritora prodemocracia Phạm Thị Đoan Trang y la disidente Mother Mushroom, mientras que las batallas más persistentes se libran tanto fuera como dentro de uno mismo.

De forma gradual pero hipnótica, Unerasable! ejerce un magnetismo irresistible. Su voz en off (a veces cruda y claramente herida, otras lúcida, contenida y analítica) guía al espectador por un mundo exterior que a menudo parece “más real que lo real”. La estructura ensayística permite digresiones, vacilaciones y regresos, reflejando la inestabilidad de una vida vivida bajo amenaza constante. En lugar de ofrecer un relato lineal de persecución y huida, la película construye un paisaje emocional y político en el que conviven el miedo, la rabia, la esperanza y el agotamiento.

Drakos entrelaza metraje observacional desenfocado, fragmentos de la vida cotidiana y un llamativo uso de material de archivo procedente de diversas fuentes. En particular, las escenas de tortura y violencia se narran mediante fragmentos de películas antiguas, a veces apenas reconocibles: bobinas dañadas, rostros difuminados hasta impedir su identificación, imágenes alteradas químicamente o tintadas, como si la propia historia se estuviera descomponiendo ante nuestros ojos. Esta estrategia no solo protege identidades, sino que convierte la memoria en un palimpsesto cinematográfico espectral.

La realidad, en Unerasable!, va transformándose poco a poco en algo más cercano a un relato de terror (no por sensacionalismo, sino por acumulación). La burocracia, la vigilancia y el desplazamiento se convierten en mecanismos del terror contemporáneo. La forma de la película, a la vez alienante y cautivadora, abraza plenamente ese cine valiente, radical y audaz que cabe esperar de un sólido título de la Competición Tiger: contundente, sin concesiones y mucho más interesado en plantear preguntas que en ofrecer consuelo.

La secuencia final, ambientada íntegramente en Suecia, evoca una sensación de melancolía y aislamiento. Viviendo en el campo, rodeado de nieve, oscuridad y un clima hostil, el cineasta lucha por conectar con los lugareños y con sus compañeros de la escuela de idiomas. La comunicación se resiente, los días parecen interminables y, por momentos, se siente como el último ser humano sobre la faz de la Tierra. Occidente, imaginado como un espacio de libertad, revela también sus propias formas de control y de soledad.

Hacia el final, la película adopta un tono más introspectivo y propone una conmovedora reflexión sobre la pérdida de identidad. Obligado a vivir con un nombre falso, el cineasta medita sobre la posibilidad de recuperar el yo que le arrebataron, quizá a través del propio cine, imaginando una futura película sobre refugiados como una forma de devolverles sus nombres, sus historias y su dignidad.

En definitiva, Unerasable! es cine de ensayo en estado puro: políticamente incisivo, formalmente audaz, inesperadamente salpicado de algunos momentos de humor seco y fugaz, y profundamente humano. Es una obra que parece destinada a una sólida carrera por festivales y (ojalá) a la distribución en salas de cine de autor: una película que insiste en ser vista y recordada mientras resiste activamente el borrado.

Unerasable! es una producción de la belga Cinemaximiliaan.

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(Traducción del inglés)

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