Crítica: A Messy Tribute to Motherly Love
- Cuando el estrés mata y tener hijos requiere sacrificios físicos, Dan Geesin convierte elementos comunes en una inquietante parábola de body horror y un original drama psicológico

Sentir que estamos “a punto de explotar” de estrés o que “la cabeza va a estallarnos” por la presión emocional son expresiones habituales. En A Messy Tribute to Motherly Love [+lee también:
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ficha de la película], que ha tenido su estreno mundial en la competición Tiger del IFFR de este año, se convierten en dispositivos narrativos literales, formando el sustrato conceptual de una película que lleva el terror corporal hacia el drama psicológico y el absurdo especulativo. Ambientada en un mundo en el que el estrés puede matar y la reproducción exige un sacrificio corporal, el largometraje de Dan Geesin se desarrolla como una meditación sorprendentemente controlada y, a menudo, desarmante sobre el cuidado, el deseo y la peligrosa búsqueda de una felicidad diseñada.
La premisa es tajante e inmediatamente desconcertante. Samuel (interpretado por Juda Goslinga), un afinador de pianos que lleva una vida rural en apariencia tranquila, ansía formar una familia en una sociedad donde los niños se “cocinan” a partir de las mejores partes del cuerpo de sus progenitores. El peso emocional del deseo de Samuel de tener un hijo va creciendo, hasta que su esposa (Astrid van Eck) literalmente explota de estrés: un acontecimiento que en la mayoría de películas funcionaría como punto final dramático. Aquí no es más que el comienzo. Desorientado, Samuel acaba integrándose gradualmente en el vínculo extraño y cerrado que conforman su madre (Frieda Pittoors) y un antiguo amigo, Edwin (Guido Pollemans), mientras la posibilidad de un renacer se presenta a través de una enigmática mermelada de fertilidad que promete un nuevo comienzo.
Geesin construye un mundo a la vez radicalmente surrealista y extrañamente familiar. El logro más llamativo de la película reside en la forma convincente en que sus intérpretes habitan una realidad en la que la muerte por estrés y el sacrificio corporal se tratan como hechos de la vida y no como espectáculos. Las interpretaciones están finamente calibradas: contenidas, casi casuales, restituyendo una sensación de normalidad a situaciones que de otro modo se inclinarían hacia el exceso grotesco. Ese equilibrio tonal es crucial, pues permite que las ideas más extremas de la película resuenen sin caer en la parodia ni en la provocación gratuita.
En términos formales, A Messy Tribute to Motherly Love presenta una premisa más original que muchos híbridos de género recientes (como La sustancia [+lee también:
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ficha de la película]). Aunque bebe de la estirpe del terror corporal y del cine especulativo, evita fetichizar la transformación o la violencia. En su lugar, utiliza la inestabilidad corporal como una extensión metafórica de rupturas emocionales, integrando elementos de ciencia ficción y de terror en un convincente drama psicológico.
Dicho esto, la construcción de mundo de la película resulta por momentos más sugerente que plenamente articulada. Apenas atisbamos “cabinas de explosión” diseñadas para permitir que los ciudadanos mueran sin molestar a los demás, y sistemas de residuos especializados para restos corporales, pero poco más se desarrolla más allá de esos detalles llamativos. Por lo demás, la vida cotidiana parece curiosamente cercana a la nuestra, aunque más rural y sosegada. En una sociedad donde el estrés es letal, cabría esperar códigos de conducta más estrictos, una regulación emocional más intensa o la ausencia de actividades que generen tensión física o mental intensa (como la guerra, el deporte de competición o incluso ciertas disciplinas intelectuales). La película apunta a estas implicaciones sin explorarlas del todo, dejando algunas vías conceptuales sin desarrollar. En este sentido, un planteamiento más lúdico e imaginativo habría elevado el listón de forma considerable.
Aun así, el relato se sostiene con seguridad. Su estructura lineal y su ritmo constante facilitan su seguimiento, incluso cuando la historia se adentra cada vez más en lo irracional. De esta forma, Geesin redefine con sutileza conceptos familiares como el amor, la paternidad o el hecho de compartir, y los reencuadra mediante unas éticas que resultan a la vez ajenas y perturbadoramente reconocibles. La banda sonora acompaña esta evolución, alternando entre sencillos motivos de piano y pasajes más enérgicos, impulsados por guitarras, que subrayan los cambios de tono sin avasallar las imágenes.
En última instancia, A Messy Tribute to Motherly Love emerge como una obra audaz y sorprendente: atrevida en el concepto, disciplinada en la ejecución y emocionalmente más extraña de lo que su premisa sugiere en un principio. Es una película que se gana con creces su puesto en la competición de Róterdam, ofreciendo una visión macabra, pero curiosamente tierna, del cuidado llevado al límite y de la felicidad buscada a un coste potencialmente fatal.
A Messy Tribute to Motherly Love es una producción de las neerlandesas One Day Film y Rots Filmwerk, en coproducción con la alemana Leitwolf y la belga Quetzalcoatl. La británica Reason8 se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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