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BERLINALE 2026 Berlinale Special

Crítica: No Good Men

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- BERLINALE 2026: En su tercer largometraje, la directora afgana Shahrbanoo Sadat firma una comedia romántica y política única en el panorama cinematográfico de su país

Crítica: No Good Men
Anwar Hashimi y Shahrbanoo Sadat en No Good Men

No es fácil escoger una película de apertura para ningún festival, y la reputación de la Berlinale impone sus propias exigencias y expectativas. Presentada como una comedia romántica política, No Good Men, dirigida por Shahrbanoo Sadat (una de las cineastas afganas más reconocidas, nacida en Irán y afincada en Hamburgo), cumple con creces. Se trata de la tercera entrega de su proyectada pentalogía autobiográfica, tras dos títulos seleccionados en la Quincena de los Cineastas de Cannes, Wolf and Sheep [+lee también:
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(2019).

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Sadat, que también firma el guion, interpreta a Naru, la única operadora de cámara de Kabul News, una cadena de televisión respetada por su posicionamiento político en los círculos liberales. Estamos en 2021, justo antes de la toma de poder por parte de los talibanes. Cuando le asignan acompañar al periodista estrella Qodrat (Anwar Hashimi) para entrevistar a un alto dirigente talibán, él se muestra confundido, pues esperaba a un “operador de cámara como es debido”. Sin otra opción, termina aceptándola de mala gana.

Después de que los talibanes utilicen como excusa el hecho de que el pañuelo se le haya deslizado de la cabeza para cancelar la entrevista, Qodrat la deja en la calle para realizar encuestas con motivo del inminente Día de San Valentín. Lo que pretendía ser un castigo se convierte en una oportunidad: Naru logra recabar testimonios de mujeres en las calles de Kabul, algo que ningún compañero de la cadena había conseguido, lo que le granjea el respeto de sus colegas y del propio Qodrat. Ambos siguen trabajando juntos y van estrechando lazos, pero en la sociedad afgana, estando ambos casados y con hijos, la posibilidad de una relación romántica es algo que obliga a andar con pies de plomo. Además, Naru está separada de su marido y recela de divorciarse, ya que eso implicaría perder la custodia de su hijo pequeño, Liam.

Sadat encuentra un equilibrio convincente entre el relato personal y el trasfondo social y político, salpicando la película de referentes culturales en escenas que, en su mayoría, se integran de forma orgánica en la narración. Un ejemplo destacado es la escena en la que una colega, recién llegada de Estados Unidos, le regala un vibrador: en el contexto afgano, ella encarna claramente a una mujer cosmopolita, con una actitud, indumentaria y forma de hablar distintas a las del resto de compañeros de la cadena.

Recreada en Alemania, la Kabul anterior al regreso de los talibanes aparece como una ciudad vibrante que, sin embargo, sigue siendo marcadamente patriarcal. Uno de los ejes de la película es la discrepancia entre la imagen común e idealizada de una sociedad liberada y la realidad sobre el terreno. Sadat consigue plasmar esta contradicción mediante varias escenas sugerentes que abordan tanto cuestiones abiertamente políticas como otras más sutilmente culturales.

Aunque no estamos ante una comedia desternillante, el tono general de No Good Men es dinámico y emotivo. Esta última cualidad modula eficazmente su intensidad gracias a la elaborada y rica composición de planos de la directora de fotografía Virginie Surdej, así como a la audaz banda sonora de Harpreet Bansal, Therese Aune y Kristian Eidnes. Con todo, es la complicidad entre la vivaz Sadat y el carismático Hashimi lo que permite al espectador confiar en la historia, incluso cuando el desarrollo pierde algo de impulso. Ambos dotan a sus personajes de una seriedad y una conciencia subyacentes que sostienen la verosimilitud del relato, y el tramo final lo ancla con firmeza en la realidad, aportando la gravedad necesaria para contrapesar un desarrollo melodramático algo torpe que, probablemente, resulte imprescindible para justificar plenamente la película como comedia romántica.

No Good Men es una coproducción entre Adomeit Film (Alemania/Dinamarca), La Fabrica Nocturna Cinéma (Francia), Motlys (Noruega), Wolf Pictures (Afganistán) y Amerikafilm (Alemania). Lucky Number se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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