Crítica: The Lights, They Fall
por Marta Bałaga
- BERLINALE 2026: Saša Vajda nos presenta a un chico fuerte y silencioso que acaba por decirnos mucho

Ilay (Mohammed Yassin Ben Majdouba) no es muy hablador. Se refugia en el silencio y, a decir verdad, tampoco tiene tiempo para charlar. Con apenas 16 años, siempre está ocupado: va de trabajo en trabajo, de recado en recado y de casa de empeños en casa de empeños, dejando que sus piernas mantengan su mente a raya. Su madre, postrada en la cama, podría estar muriéndose de verdad. Es mejor no pensar y, desde luego, es mejor no hablar.
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ficha de la película], una pequeña joya presentada en la sección Generation 14plus de la Berlinale, el director Saša Vajda hace lo mismo: transmite mucho sin subrayar nada. En la película hay pérdida, duelo y rabia; la soledad de un adolescente y la de un hijo que no puede hacer nada para ayudar a su madre. Solo puede observar cómo Ana (Flor Prieto Catemaxca), su enfermera de cuidados paliativos, cuida de ella. Aunque la película de Vajda avanza con un ritmo pausado (lo que pondrá a prueba a algunos espectadores), también resulta conmovedora sin caer en lo sentimental. De todos modos, un protagonista tan pragmático nunca lo permitiría.
Las rutinas monótonas de Ilay en las afueras de Berlín y sus apuros económicos remiten de inmediato al cine del realismo social (hasta que por fin abre la boca). Cuando se enfrenta a un psicólogo, el joven empieza a hablar, y lo que dice sorprende: “Soy un fantasma”, afirma con calma, y explica que es imposible morir. De repente, lo que parecía tan cotidiano adquiere una capa espiritual y emerge un protagonista que no solo crea su propia realidad, sino que también construye su propio imaginario.
Tiene que hacerlo; de lo contrario, se vería obligado a decir adiós. Quizá lo más desgarrador que podemos hacer sea esperar a que muera alguien a quien queremos. Vajda es compasivo y nada explícito, pero aun así no estamos ante un visionado fácil. Ilay parece fuerte, pero no deja de ser un niño. Una vez más, todo gira en torno a las famosas fases del duelo (incluida la negación), pero estas se exploran con delicadeza porque, de nuevo, este joven estoico nunca grita sus emociones.
Aunque suene duro, el tan necesario desahogo (así como una desarmante estupidez) llegan de la mano de sus colegas, ansiosos por matar el tiempo durante ese verano especialmente caluroso hablando de tonterías (a poder ser sobre chicas). Por lo visto, tocar la guitarra es una “red flag”, y ni siquiera unas buenas piernas ayudan, mientras que uno de ellos convierte a las mujeres en un “problema de mates”. Estas breves escenas (que recuerdan al estilo de Richard Linklater) permiten que la película (y también Ilay) respiren. También demuestran que en su vida hay algo más que dolor y la espera de lo inevitable. Puede que no esboce una sonrisa a corto plazo, pero encontrará su camino. Siempre lo hace.
The Lights, They Fall es una producción de las alemanas vajda film, Schuldenberg Films y ZDF Das Kleine Fernsehspiel.
(Traducción del inglés)
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