Crítica: Everybody Digs Bill Evans
por David Katz
- BERLINALE 2026: Anders Danielsen Lie ofrece una interpretación bien afinada del gran pianista de jazz del título en un melancólico y cerebral biopic dirigido por Grant Gee

La interpretación paciente y de tempo contenido que Bill Evans hizo del jazz modal transformó su ritmo, que pasó de un swing insistente a un avance lento y deliberado, impregnándolo de un romanticismo aún mayor y de una nueva accesibilidad. Especialista en películas de no ficción imaginativas sobre músicos y escritores, entre ellos Radiohead, Joy Division y W. G. Sebald, el director inglés Grant Gee hace lo propio con el agotado subgénero del biopic musical en Everybody Digs Bill Evans [+lee también:
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ficha de la película], que se asemeja más a una pieza de música de cámara que a la grandilocuencia de las grandes formaciones. Además, se trata de un elegante vehículo para el lucimiento de Anders Danielsen Lie, que encarna a Evans como un primo temperamental de los personajes que ha interpretado para Joachim Trier. La película se estrenó ayer en la competición de la Berlinale.
El álbum en directo de 1962 de Evans, Waltz for Debby, es una obra fundamental del canon del jazz (lo bastante accesible para los recién llegados y, al mismo tiempo, venerada por los puristas). Sin embargo, podría decirse que su figura ha generado un culto a la personalidad menos intenso que el de sus contemporáneos más emblemáticos, como su colaborador clave, Miles Davis (quien, por suerte, se libra de un cameo cursi en esta ocasión). Con la música eclipsando al hombre, el guion de Gee y Mark O’Halloran (que adapta la novela de 2013 Intermission, de Owen Martell) completa para los no iniciados los detalles de su biografía y las circunstancias de su arte, y no sorprende que la belleza atormentada de su música derive en parte de un dolor vital similar. Con todo, la sutil estructura dramática no lineal, así como el tratamiento y la psicologización de los personajes, prometen más de lo que finalmente ofrecen frente a unas grabaciones aún trascendentes.
De esta forma, en Waltz for Debby (y en Sunday at the Village Vanguard, su obra predecesora, con un título más literal) laten el duelo, la rivalidad fraterna, la enfermedad mental y el abuso de sustancias. Scott LaFaro (Will Sach), su alma gemela creativa y contrabajista, muere de repente en un accidente de coche, dejando a Evans varado en un estupor marcado por el síndrome de abstinencia en su mugriento apartamento de Manhattan (otro ejemplo del clásico cóctel según el cual el consumo de heroína sería supuestamente imprescindible para crear, como él mismo afirma, incluso mientras su salud se deteriora). La relación con su hermano Harry (interpretado por Barry Ward, uno de los numerosos talentos irlandeses presentes en la película, dada su financiación) aporta a la cinta su mayor profundidad y matices: Harry, músico profesional frustrado, se gana la vida a duras penas como profesor de música, mientras se flagela por haber perdido la “lotería” genética del talento. Su propia cordura se tambalea mientras su hermano sobresale, aunque al mismo tiempo le brinda un apoyo clave y le permite mudarse a su piso en este momento de crisis. De hecho, la sobrina de Bill (e hija de Harry), Debby, se convierte en una especie de hija sustituta para él. Cuando interpreta el tema que da título al disco en el desafinado piano de la casa, sentimos que la música es su lenguaje ideal, el medio a través del cual logra vencer su introversión natural.
Resulta menos convincente un episodio sorprendentemente largo en el que se presenta a sus padres, residentes en Florida (interpretados por Bill Pullman y Laurie Metcalf). A través de la interpretación del primero, agradablemente huraña aunque algo indulgente, el tono se desliza desde la seductora ambientación posnoir de las secuencias neoyorquinas hacia algo parecido a una sitcom sobre unos padres malhumorados, aunque afectuosos, de un prodigio del jazz a quien no logran comprender. Titulada como uno de sus álbumes anteriores (con un toque de ironía, dada su personalidad esquiva), Everybody Digs Bill Evans reivindica el silencio y la contención, pero corre el riesgo de diluirse hasta perder su sustancia, como una partitura con demasiados silencios
Everybody Digs Bill Evans es una coproducción entre Irlanda, el Reino Unido y Estados Unidos, producida por Cowtown Pictures, Hot Property Films, Over the Fence Films, Bona Fide Productions y Metropolitan Films. Sus ventas internacionales corren a cargo de Mister Smith Entertainment.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 14/02/2026: Berlinale 2026 - Everybody Digs Bill Evans
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© 2026 Dario Caruso for Cineuropa - dario-caruso.fr, @studio.photo.dar, Dario Caruso
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