Crítica: Chicas tristes
por Marta Bałaga
- BERLINALE 2026: La directora mexicana Fernanda Tovar lo apuesta todo a la amistad entre chicas... y gana

El debut en el largometraje de Fernanda Tovar, Chicas tristes [+lee también:
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ficha de la película], que se ha estrenado a nivel mundial en la sección Generation 14plus de la Berlinale, es una maravilla agridulce. La directora mexicana lo apuesta todo a la amistad femenina, y gana. Cuando eres una adolescente, eso es con lo que realmente sueñas: no con chicos—por favor—, sino con tener una mejor amiga con la que compartir tu mundo entero.
La Maestra y Paula (Rocío Guzmán y Darana Álvarez) tienen 16 años y lo hacen todo juntas. Las jóvenes, rodeadas de cariño y de familiares excéntricos —y de un enorme cerdo, cuyo cameo aún me plantea preguntas—, tienen grandes planes. Se trata de prometedoras deportistas que no temen la competencia y entrenan para unos campeonatos de natación que podrían llevarlas por fin al extranjero. Parece que será un buen verano, o al menos eso es lo que dicen las cartas del tarot.
Tovar captura este momento vital y lo empapa de luz solar: a los 16 años, si la vida te ha tratado bien, todo se siente como experiencia prometedora. Las chicas están entusiasmadas ante todas las nuevas experiencias que saben que están por llegar. El sexo es una de ellas, y hay un chico que despierta la curiosidad de Paula. Están a punto de verlo en una fiesta a la que van con tanto maquillaje que parece deslizarse por sus jóvenes rostros. Pero Paula no tiene prisa. Quiere que su primera vez sea especial.
Lo que sucede después la deja confundida, y ni siquiera su mejor amiga logra interpretar las señales. Paula pasa de “no sé cómo explicarlo” a “quizá no me gusta el sexo” y “no quería que pasara… allí”. Tovar es una directora sensible, y nada en su película traumatizará aún más a los espectadores; una elección importante, dado que muchas películas de autor representan la violencia sexual de formas cuestionables o la utilizan como herramienta para hablar de las mujeres. Pero sigue siendo muy triste, y francamente indignante, ver las consecuencias de lo que le sucede a Paula y su retiro al silencio.
“Fue una violación”, eso es lo que dice ChatGPT cuando, tras proporcionar ella más detalles a regañadientes, las chicas buscan respuestas en internet, como es lógico. Antes, Paula no quería pronunciarlo en voz alta. Tovar muestra con precisión lo retorcida que puede ser una agresión sexual, especialmente cuando la comete alguien a quien conoces o sucede en un lugar que se suponía seguro, lleno de gente. Y no termina ahí. La persona que te ha hecho daño puede seguir preguntándote qué planes tienes para el fin de semana y por qué no le devuelves las llamadas.
Creo firmemente que resulta fundamental seguir mostrando, también en el cine, que la violencia sexual no tiene por qué marcarte y que es posible sobrevivir a ella. Por eso la película de Tovar es tan necesaria. Y no es deshonesta: la confusión, la ira y la culpa pasan factura a estas chicas. Reaccionan de forma diferente, y la Maestra, la más explosiva de las dos, no siempre escucha a su amiga ni respeta sus decisiones. Aun así, Chicas tristes muestra que las mujeres y las chicas pueden ayudarse mutuamente. No será fácil y llevará tiempo, pero estas dos no se van a ir a ninguna parte y recuperarán su alegría. Su verano aún no ha terminado.
Chicas tristes ha sido producida por Colectivo Colmena (México) y coproducida por Potenza Producciones (España), Promenades Films (Francia), Martini Shot Films (México) y CTT Exp & Rentals (México). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Alpha Violet.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 14/02/2026: Berlinale 2026 - Sad Girlz
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