Crítica: Árru
por Fabien Lemercier
- BERLINALE 2026: Elle Sofe Sara retrata en clave de ficción y con muchos cantos a un pueblo sami a caballo entre la tradición y la modernidad, la tierra y los depredadores

“Las montañas Gaïru y los fiordos brillan. Hay riquezas visibles y otras ocultas bajo la superficie. Hay que mantener el rebaño con vida y la piedra bendita”. Es en el corazón de la cultura sami —un pueblo considerado en ocasiones el último pueblo indígena de Europa—, entre renos y en paisajes puros, duros y salvajes, donde la noruega Elle Sofe Sara ha decidido sumergirse para su primer largometraje, el singular Árru [+lee también:
entrevista: Elle Sofe Sara
ficha de la película], presentado en la sección Panorama de la 76.ª Berlinale. Se trata de una película que transmite una voz áspera y singular, que rinde homenaje a tradiciones ancestrales profundamente arraigadas en la naturaleza y, al mismo tiempo, denuncia las amenazas externas e internas que pesan sobre una comunidad que lucha a diario por su supervivencia económica y espiritual.
“La tierra es la respuesta. Puede que muchos vean este lugar como una zona desolada, pero aquí nacen vidas”. Al cuidado de un enorme rebaño de renos cuya explotación apenas les permite subsistir, la pequeña familia formada por Maia (Sara Marielle Gaup Beaska), su hija adolescente Áilin (Ayla Nutti) y su hermano Dánel (Simon Issát Marainen) vive bajo una espada de Damocles: un proyecto minero ya autorizado que amenaza con despojarlos de la mitad de sus tierras de pastoreo. Para evitar esta catástrofe que ninguna de sus acciones ha logrado frenar, Maia pide consejo a su otro hermano, Lemme (Mikkel Gaup), que vive en Canadá, donde consiguió paralizar el avance de una empresa minera similar. Pero lo que no había previsto es que Lemme fuera a aparecer en persona, tomar el control de un movimiento de protesta local y, sobre todo, reabrir una vieja y dolorosa historia familiar que involucraba a Dánel, conocida por todos pero enterrada bajo un pesado silencio...
Al desarrollar pacientemente sus piezas (las relaciones entre los personajes) como en una partida de ajedrez, el guion escrito por la directora junto a Johan Fasting teje un relato de confrontación entre lo colectivo y lo individual, entre la ley del silencio y la necesidad de exponer públicamente a los depredadores para poder avanzar. Un choque tácito simbolizado por tres generaciones de mujeres y por el legado de un pueblo sami sometido a la presión de las políticas de asimilación.
Pero más allá de la profundización en un tema que remite también al sufrimiento de otros pueblos indígenas —especialmente el de los pueblos nativos americanos—, la película destaca sobre todo por su estilo: la cineasta logra su audaz apuesta de integrar de manera totalmente orgánica en una narración muy realista los cantos rituales del joik, las danzas tradicionales e incluso una fascinante secuencia onírica. El espíritu y la cosmología sami no solo se ciernen sobre este primer largometraje, sino que dan en el clavo al transmitir a la perfección la modestia y la profundidad de la existencia de un pueblo, resistente en un entorno natural duro y visualmente impactante (un paisaje crudo y cubierto de nieve capturado en todos sus contrastes por la directora de fotografía Cecilie Semec).
Árru ha sido producida por la noruega Stær y coproducida por la sueca Garagefilm International y la finlandesa It's Alive Films. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de The Yellow Affair.
(Traducción del francés)
Galería de fotos 17/02/2026: Berlinale 2026 - Árru
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