Crítica: Nosso segredo
por Olivia Popp
- BERLINALE 2026: Una casa alberga el dolor y los secretos en la historia de Grace Passô sobre una familia negra brasileña que llora la muerte de su patriarca

Una familia afrobrasileña llora la muerte de un ser querido en Nosso segredo [+lee también:
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ficha de la película], la críptica ópera prima escrita y dirigida por Grace Passô, que ha tenido su estreno mundial en la sección Perspectives de la Berlinale. La composición familiar da lugar a un abanico de miradas muy diferentes, entre ellas las de Gilson (Robert Frank), Grazi (Jéssica Gaspar), Guto (Flip), el hermano pequeño Tutu (Efraim Santos), la madre Suely (Ju Colombo) y la tía Anamélia (Marisa Revert). Para la madre, se trata de la pérdida de un marido; para los hijos, de la de un padre, pero ambas resultan devastadoras de formas diferentes. El duelo empieza a manifestarse tanto en la quietud del silencio como en el ruido del movimiento.
“¿Qué has ido dejando en el paso de peatones?”, pregunta enigmáticamente un pasajero al inicio de la película, sentado en el asiento trasero del taxi que conduce Gilson. La casa en la que viven también parece erigirse en la verdadera guardiana del concepto que enuncia el título, a medida que una extraña sustancia rojo anaranjada se filtra por las paredes. Algo parece habitar en su interior, algo que solo el joven Tutu comprende, pero si se trata de una presencia literal o metafórica es algo que deberán descubrir juntos. Con una oscuridad bellamente iluminada en tonos morados y azules, el dinámico trabajo de cámara de Wilssa Esser insufla vida al hogar, como si el espíritu de la propia casa vagara entre ellos.
Visualmente, las florituras estilísticas de cariz poético aparecen sobre todo al principio y al final, mientras que el grueso de Nosso segredo se ve lastrado por lo que parece una falta de claridad deliberada. El guion orbita en torno a sus temas, pero rara vez se adentra en ellos, y los diálogos entre los personajes se vuelven igualmente enrevesados. Gilson se sobresalta una y otra vez a causa de unos sueños extraños que parecen mezclar memoria y fantasía, pero estas secuencias no terminan de integrarse en el conjunto. La música también desempeña un papel clave en la historia: la alegría de la celebración se ve interrumpida por la tristeza del recuerdo, mientras los personajes se refugian en ella para encontrar calma. La película se apoya en gran medida en un inquietante motivo de piano tintineante (la música es de Amaro Freitas) que se sitúa en la frontera entre lo diegético y lo extradiegético. Sin embargo, pronto se vuelve excesivamente insistente, pese al diseño sonoro, por lo demás etéreo, de Tiago Bello.
Con su escenario doméstico y el retrato de una familia en plena desintegración, Nosso segredo recuerda (en ciertos aspectos) a la ganadora de la sección Perspectives del año pasado: El Diablo Fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja). La historia también alude a cuestiones decoloniales mediante la aparición intrusiva y reiterada de su vecina blanca Lêda (Gláucia Vandeveld), pero al espectador le resulta difícil aferrarse a ese hilo. Cuando por fin llega la gran revelación, se desata un torrente de catarsis, representado de forma literal mientras la familia intenta discernir qué es real y qué no. Aunque la película deslumbra en lo estrictamente cinematográfico, cuesta superar la sensación general de desconexión.
Nosso segredo es una producción de Entrefilmes (Brasil), coproducida por Desvia (Brasil), Foi Bonita a Festa (Portugal) y Globo Filmes (Brasil). The Open Reel gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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