Crítica: Douglas Gordon by Douglas Gordon
por Vladan Petkovic
- BERLINALE 2026: El retrato del artista de Finlay Pretsell es una pieza de cine documental abrasiva y confrontacional que reencuadra nuestra percepción en sintonía con el espíritu de su sujeto

El artista escocés Douglas Gordon fue el primer ganador del Premio Turner por videoarte en 1996 y probablemente sea más conocido por sus instalaciones de vídeo a gran escala y por un enfoque muy particular, en cierto modo warholiano, del remix y la reapropiación de obras existentes, como puede apreciarse en 24 Hour Psycho o en Zidane, a 21st Century Portrait , en la que colaboró con Philippe Parenno y que se proyectó en Cannes en 2006. Incluso se refiere a su estudio berlinés como “una Factory de Andy Warhol para pobres”, y es precisamente ahí donde transcurre la mayor parte del documental del director británico Finlay Pretsell, Douglas Gordon by Douglas Gordon, que tuvo su estreno mundial en la sección Panorama de la Berlinale.
La película dista mucho de ser un retrato convencional del artista. En su lugar, nos encontramos ante una pieza de cine documental áspera y confrontativa. Pretsell pone en marcha el dispositivo de forma apropiadamente caótica, con música dance machacona y cortes vertiginosos de fragmentos de las obras de Gordon, que se alternan con imágenes de su estudio, filmadas con libertad y encuadradas desde ángulos torcidos, envuelto en la oscuridad y salpicado de luces de colores, como si se tratara de una discoteca. Hay un sintetizador, una camiseta ardiendo con el lema “Nobody knows I’m a lesbian”, una colección de equipos técnicos en distintos estados de desmontaje, todo tipo de juguetes y utilería, garabatos en la pared, y el propio Gordon, con la camiseta del Napoli de Maradona y unas mallas con estampado de leopardo. Con la cabeza rapada y el cuerpo cubierto de tatuajes, barba encanecida (nació en 1966) y cadenas al cuello, el provocador artista decide actuar de cara al público en lugar de seguir las instrucciones del cineasta.
Su interacción (o, más bien, su duelo constante, que a veces desemboca en discusiones abiertas, siendo Pretsell claramente el más prudente de los dos) constituye el núcleo de la película. Entrelazada a lo largo de los 89 minutos de metraje, resulta formalmente interesante en sí misma, pero además se centra más en desvelar el mundo interior del protagonista que en explorar su obra. En este sentido, se trata ante todo de un documental para espectadores ya familiarizados con el trabajo de Gordon.
No obstante, su arte nace de un lugar donde la ternura y la contundencia son indisociables, donde el amor es intransigente y la esperanza camina de la mano de la rebeldía. Gordon le grita a Pretsell y al director de fotografía Martin Radich, pero en la escena siguiente se le humedecen los ojos mientras habla por teléfono con su madre. Sus gustos musicales abarcan desde The Velvet Underground y Hank Williams hasta Throbbing Gristle; blande un látigo como gesto artístico y para liberar tensión, mientras el equipo de rodaje mantiene una distancia prudente. Su idea para el título de la película, “Portrait of a Perilous Character” (“Retrato de un personaje peligroso”), acaba resultando una descripción más acertada que el título definitivo. Es como un duelo entre adversarios que se respetan, uno de los cuales sabe que lleva la ventaja y no duda en aprovecharla, pero también es muy consciente de la necesidad de dejar espacio a su oponente.
Decididamente lo-fi, ruidosa, insolente y deliberadamente caótica, aunque con un arco narrativo claro (confeccionado por el montador Kieran Gosney), Douglas Gordon on Douglas Gordon difícilmente resultará una propuesta atractiva para el gran público. Al igual que su obra, la película replantea nuestra percepción del artista, pero también del documental biográfico.
Douglas Gordon by Douglas Gordon es una coproducción entre las británicas Parcel of Rogues y Sonja Henrici Creates, y la francesa Grande Ourse Films. La austríaca Autlook Filmsales gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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