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VILNA 2026

Crítica: No Ghosts on Good Street

por 

- El debut en el largometraje de la polaca Emi Buchwald se despliega como una serena y tierna meditación sobre lo que significa crecer en la intimidad de una familia numerosa

Crítica: No Ghosts on Good Street
Izabella Dudziak en No Ghosts on Good Street

Los hermanos pueden ser tanto una bendición como una maldición: este parece ser el leitmotiv de Emi Buchwald en su primer largometraje, No Ghosts on Good Street, una amable película sobre el paso a la edad adulta que forma parte de la competición SMART7 (ver la noticia aquí) y se presenta en el Festival Kino Pavasaris de Vilna. Por un lado, resulta reconfortante y de cierta forma tranquilizador que parezca que estos cuatro hermanos —que funcionan como protagonista colectivo de la cinta— nunca vayan a abandonarse. No obstante, es precisamente esta certeza lo que produce un efecto asfixiante, como si la plena madurez y la independencia nunca fueran a llegar.

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Benek (Bartłomiej Deklewa) y Franek (Tymoteusz Rożynek) intentaron vivir como mejores amigos, lo que puede resultar arriesgado entre hermanos y, en este caso, ha acabado por distanciarlos. Cuando Franek no está, Benek se siente traicionado y solo en el enorme apartamento, sufriendo ataques de pánico y pesadillas como las del cuadro La pesadilla de Henry Fuseli, que contempla en un museo. Por su parte, Franek oscila entre consumir y dejar las drogas y va y viene en la relación con su novia. Naturalmente, todo esto afecta también a Nastka (Izabella Dudziak), la hermana gemela de Franek, que está eternamente preocupada por su “otra mitad” innata y, como resultado, se muestra emocionalmente inaccesible en sus propias relaciones íntimas.

La única que con sensatez parece intentar mantener algún tipo de distancia emocional es Jana (Karolina Rzepa), pero siempre está ahí cuando alguien necesita pasar la noche en su sofá o que le lleven a algún sitio, mientras a su vez procesa toda la red de enredos mutuos a través de una exposición que está preparando.

Todo lo anterior es un esbozo más bien simplificado del esqueleto de la trama, que de todas formas no es el elemento más esencial, ya que la película disfruta de las fluctuaciones emocionales en torno a estos acontecimientos y en la dinámica entre los hermanos, que evoluciona de manera silenciosa. La narrativa está fraccionada en capítulos desiguales con títulos descriptivos, manteniendo un tono ingenuo y poético que recuerda al de un diario adolescente, algo que está en sintonía con las primeras etapas de la edad adulta en la que se encuentran los personajes. La cámara del director de fotografía Tomasz Gajewski observa con delicadeza a través de primeros planos y ángulos discretos. No resulta invasiva en ningún momento y opta por intuir el estado emocional de los personajes en vez de interrogarlos al respecto.

De hecho, la cualidad más entrañable de No Ghosts on Good Street es que no analiza ni disecciona las relaciones; simplemente sigue a los personajes, permitiéndoles crecer a su propio ritmo y llegar a sus propias verdades. No hay necesidad de ahondar en sus “biografías”: solo se menciona una vez a los padres cuando los cuatro vuelven de visitarlos y comentan las consecuencias de envejecer. A su vez, esto deja al espectador con la sensación de que Buchwald y su coguionista Karol Marczak desarrollaron el guion intuitivamente, sin una deliberación previa excesiva, con tal de quedarse cerca del efímero tejido del que se compone la vida. Consciente o inconscientemente, al hacer esto también se acercan a lo que podría considerarse la esencia más significativa del cine: capturar lo inexpresable a partir de los fragmentos de vida que recrea, manteniendo un alto grado de autenticidad.

No Ghosts on Good Street es una producción de Studio Munka (Polonia), en coproducción con Canal+ Polska, Fixafilm y Dreamsound.

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(Traducción del inglés por Elena Llorca)

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