Crítica: Cobijo
por Alfonso Rivera
- Adrián Silvestre nos descubre un hogar en Guatemala para refugiados LGTBIQ+, donde no sólo construyen una familia afín, sino también se pueden permitir ser ellos mismos

Madai, Shanel, Rosmer y Victoria son cuatro jóvenes queer que huyeron de sus países de origen en Sudamérica (Colombia y Venezuela) en busca de un futuro mejor en Estados Unidos. Sin embargo, sus sueños chocaron con las políticas migratorias de la superpotencia y terminaron a medio camino, en un albergue de Guatemala, donde se reinventaron y construyeron un hogar. Este es el tema de Cobijo, nuevo documental del cineasta español Adrián Silvestre tras Hágase tu voluntad [+lee también:
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ficha de la película] (además de la ficción Los objetos amorosos [+lee también:
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ficha de la película]), que se ha estrenado en el Festival de Documentales de Tesalónica, dentro de la sección Open Horizons.
Como en Sedimentos, Silvestre se ha unido a un grupo de personas que se desnudan anímicamente delante de su cámara para confesar cómo eran sus vidas antes de llegar a este cobijo en Guatemala. Un pasado que pesa (repleto de machismo, homofobia y violencia), pero del que no se quieren desprender pues, en el fondo y a pesar de todo lo sufrido, añoran su lugar y sus familias de origen.
Con alguna escena reconstruida, como las entrevistas que se les realizan cuando llegan a esta institución, el resto del film consiste en vivir con ellas el día a día, con sus conversaciones, comidas y momentos festivos, como un peculiar concurso de Miss Universo que organizan con cuatro telas, dos coronas y sobrado humor. Porque, a pesar de lo terrible de su situación vital, estas personas han encontrado en este cobijo un nuevo hogar, un lugar donde sentirse queridas, abrigadas y aceptadas. Aquí han vuelto a nacer para construir ese futuro –rebosante de sueños e ilusiones– hacia el que quieren avanzar.
Y es que ninguna de esas personas vapuleadas ha sido consumida por la derrota o la frustración, sino que sienten ganas de abrazar una existencia mejor. “¡Deje el drama!” es su lema, que se repite a lo largo del metraje de este largometraje de no ficción sobre la resiliencia, donde lo más dramático y cruel resuena como un eco, pero se queda fuera de campo.
Con este film sensible, inclusivo y empático Silvestre quiere dar a conocer –y reivindicar sin artificios– estos centros de acogida que, gracias al sustento de algunas organizaciones solidarias, sirven de auténtico hogar para personas heridas, excluidas y desarraigadas, necesitadas de protección y apoyo emocional. Porque en un mundo tan convulso, imprevisible y voluble como el actual, cualquiera puede acabar sufriendo algo similar a lo que han vivido los cuatro protagonistas de esta cinta.
Cobijo es una producción de Adrián Silvestre Films de cuyas ventas internacionales se ocupa la agencia Utopía Docs.
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