Crítica: Mi querida señorita
por Alfonso Rivera
- Con la complicidad de Javier Ambrossi y Javier Calvo, Fernando González Molina homenajea al clásico de Jaime de Armiñán en un alegato festivo y juvenil, reivindicativo y orgullosamente intersexual

Estrenado mundialmente en la sección oficial a concurso del 29.º Festival de Málaga, Mi querida señorita es uno de los largometrajes del certamen que más expectación despertaba. En primer lugar, porque se trata de una revisión de la película que en 1972 le valió una nominación al Óscar a mejor film extranjero a su director, Jaime de Armiñán, quien había contado con un guion coescrito con otro genio adelantado a su tiempo, José Luis Borau, y con un actor revientataquillas como José Luis López Vázquez para encarnar a la solterona protagonista; en segundo lugar, porque detrás de esta relectura no sólo está Netflix, sino la producción de los chicos de moda Javier Ambrossi y Javier Calvo.
Estos cineastas –que preparan el estreno de La bola negra– encargaron a Fernando González Molina tomar las riendas de la nueva Mi querida señorita, operación destinada a un público joven que, probablemente, nunca verá la original. El navarro (que, además de poseer una exitosa carrera comercial en cine y televisión, rodó en 2018 el documental de temática gay The Best Day of My Life [+lee también:
tráiler
ficha de la película]) ha trasladado la acción de la primera parte de la cinta a su Pamplona natal –la de Armiñán y Borau transcurría en Galicia– y ha incluido en la trama algunas de sus propias vivencias como integrante del colectivo LGTBIQ+.
Precisamente la letra I (de intersexualidad) de las siglas de la comunidad es la que se reivindica aquí gracias al primer guion de la escritora trans Alana S. Portero (no se pierdan su novela autobiográfica La mala costumbre). Pero es precisamente en el argumento –demasiado explicativo, redundante y empachado de proclamas– donde flaquea este film que emparenta con el espíritu fiestero de otras obras surgidas de la productora de los Javis.
En la maniobra, si en 1972 fue un actor cisgénero el encargado de encarnar a la protagonista, ahora se ha optado porque sea una persona intersexual la intérprete principal, la debutante Elisabeth Martínez, secundada por nombres de peso como Paco León, Anna Castillo o la reciente ganadora del Goya Nagore Aranburu.
Su argumento presenta a la veinteañera Adela, solitaria hija única de un matrimonio conservador de una ciudad de provincias, quien pasa sus tardes en la tienda de antigüedades familiar, marcada por la sobreprotección de su madre y el silencio sobre su intersexualidad, por la que es discriminada socialmente. Su amistad con un sacerdote gay, el regreso desde Londres de un amigo y la irrupción en su rutina de una chispeante fisioterapeuta lesbiana empujan a Adela a un viaje en busca de sí misma, desde Pamplona a Madrid, donde podrá ser la persona que realmente desea.
Aliñada con guiños a trabajos de Almodóvar y con cameos de referentes LGTBIQ+ como el músico Rodrigo Cuevas, la cantante La Prohibida o la propia Alana S. Portero, Mi querida señorita saca pecho como himno al amor propio, necesario para quererse a une misme como se es verdaderamente, mientras se narra una historia de amor que no encajaba fácilmente entre las etiquetas anticuadas de una España que, a partir del siglo XXI, empezó a aceptar la multicolor diversidad.
Mi querida señorita es una producción de Suma Content para Netflix, en donde se estrenará a partir de 1 de mayo, después de que llegue a las salas de cine españolas el 17 de abril.
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