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CPH:DOX 2026

Crítica: Materia Prima

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- El documental del alemán Jens Schanze es un relato de múltiples perspectivas que se centra en los intentos de extracción de litio en Bolivia y en la resistencia que estos suscitan

Crítica: Materia Prima

El director alemán Jens Schanze ha abordado en varios documentales cuestiones como el desarrollo tecnológico, el consumo energético, la extracción de recursos naturales y su impacto en el medioambiente, entre ellos La Buena Vida (2015). Resulta difícil contar este tipo de historias sin adoptar un enfoque político y, en su última película, Materia Prima, que acaba de estrenarse mundialmente en la competición F:ACT Award de CPH:DOX, esta dimensión se convierte en un eje central dentro de una narrativa construida a partir de múltiples perspectivas.

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La minería del litio plantea un doble problema económico y medioambiental. Este material es fundamental para las baterías de coches eléctricos y teléfonos inteligentes y, aunque se están desarrollando métodos más eficientes que podrían volverlo obsoleto en unas tres décadas, las empresas tecnológicas y mineras intentan aprovechar al máximo la demanda actual. Su extracción resulta muy perjudicial para el entorno, por lo que los países de la Unión Europea han optado por no explotarlo en su propio territorio. Sin embargo, sí lo hacen en terceros países, como Bolivia, una de las naciones más ricas en recursos naturales del mundo, a pesar de haber sido explotada de forma sistemática desde el siglo XVII.

Se dice que el Cerro Rico, la montaña que domina la ciudad de Potosí, financió prácticamente por sí solo el Imperio español gracias a sus reservas de plata y, aún hoy, continúa siendo explotado, a pesar de que se está derrumbando. En 1615, el autor indígena Felipe Guamán Poma de Ayala escribió una crónica de más de mil páginas en forma de carta dirigida al rey Felipe III de España. En la película, una voz en off femenina lee fragmentos de este texto, estableciendo un claro paralelismo entre el periodo colonial y el extractivismo contemporáneo.

Funcionarios y empresas de la UE acuden a Bolivia prometiendo empleo y prosperidad, con el respaldo de gobiernos locales que también se benefician de la inversión extranjera. Sin embargo, como ya ocurría en el siglo XVII, la población indígena no recibe beneficios, sino que sufre las consecuencias de la explotación de los recursos naturales, especialmente en los extensos salares que concentran gran parte del litio y que resultan esenciales para el equilibrio del ecosistema, donde se cultiva quinoa y se crían llamas.

Schanze opta por no identificar a los protagonistas, de modo que no siempre queda claro quién representa a la UE y quién a las empresas. Esta ambigüedad es intencionada: cuanto más difusa resulta la estructura extractiva, más difícil es atribuir responsabilidades. Aunque la Constitución boliviana protege los recursos naturales y a las comunidades indígenas, el Gobierno facilita la entrada de estas compañías, mientras que los habitantes locales (en su mayoría mujeres) se organizan para protestar y advertir de los riesgos.

Entre las figuras que aparecen en la película destacan una abogada que apoya a los manifestantes, un joven minero (el único hombre en el grupo), una pastora de llamas y un vigilante de mina, además de los representantes europeos. El acceso de Schanze a estos últimos da lugar a algunos de los momentos más reveladores y, al mismo tiempo, más frustrantes. La película consigue presentar el problema como un círculo vicioso basado en relaciones económicas profundamente desiguales, donde los derechos de las comunidades indígenas y la protección del medioambiente quedan relegados. Europa construye así su “energía verde” a costa de los países menos desarrollados, del mismo modo que levantó su riqueza durante la época colonial.

Filmada por el director de fotografía Börres Weiffenbach, la película resulta a menudo visualmente deslumbrante gracias a la belleza natural de Bolivia, mientras que la compositora Atena Eshtiaghi apenas necesita añadir sutiles matices atmosféricos para contraponer dicha belleza a la gravedad de la situación. Es la montadora Ulrike Tortora quien, junto al director, logra articular un retrato equilibrado y comprensible de este complejo entramado económico y político, mientras que los testimonios directos de los lugareños, que destilan serenidad y sentido común, funcionan como un contrapunto especialmente eficaz.

Materia Prima es una producción de las alemanas Mascha Film y Filmtank, mientras que Taskovski Films se encarga de las ventas internacionales. 

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(Traducción del inglés)

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