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BIFFF 2026

Crítica: Kyma

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- La imaginativa película de Romain Daudet-Jahan lleva al público joven a una odisea fantástica que evoca las populares películas de camaradería y aventuras de los años 80

Crítica: Kyma
Jules Lefebvre en Kyma

Kyma, el primer largometraje del director francés Romain Daudet-Jahan, ha tenido su estreno internacional en la competición Méliès de Plata del Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas (BIFFF). En su nuevo trabajo, el cineasta se mantiene fiel al tono fantástico y poco convencional de sus cortometrajes Magnetic Fields (2020) y Colony (2021), combinando temas de amistad y un relato de madurez con la presencia de una criatura misteriosa y de otro mundo.

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El reparto de Kyma está encabezado por el prometedor actor belga Jules Lefebvre, que interpreta a Tony, un adolescente solitario y apasionado por la protección de los animales, que gestiona un pequeño refugio de gatos. Abandonado a su suerte durante las vacaciones de verano, y decepcionado porque su madre, Mylène (a la que da vida Eve Duranceau), se ha marchado a su Canadá natal para realizar un viaje de investigación, Tony descubre la existencia de una misteriosa onda sonora “intra-terrestre”, Kyma, capaz de destruir la materia. Sin embargo, una organización gubernamental secreta persigue a Kyma con la intención de utilizarla como arma militar, mientras Tony recurre a la ayuda de dos de sus compañeros, Ousmane (Mamadou Haïdara) y Zoé (Lucie Loste Berset), para salvar a su nueva amiga.

El trío recuerda a los personajes de Los Goonies (1985) y a los relatos de Los Cinco, de Enid Blyton. El personaje de Zoé emerge como la verdadera heroína de la película, ya que convierte su discapacidad auditiva en una fortaleza que otorga a sus amigos una clara ventaja en esta carrera contra los agentes del Gobierno. Kyma sobresale entre las recientes películas juveniles por su contundente mensaje medioambiental, que transmite sin recurrir a clichés.

Kyma no tiene forma física: es puro sonido. Sin embargo, la manera en que fue engañada y atrapada por las vibraciones de las perforaciones de gas pone de relieve un problema muy real y de origen humano, que se está desarrollando ahora mismo en la vida real en el caso de Timmy, la ballena jorobada varada en las aguas poco profundas del mar Báltico.

Gracias al minucioso trabajo del diseñador de sonido Pascal Villard, Daudet-Jahan logra que el espectador empatice con Kyma. Las vibraciones atronadoras y el estruendo de los cristales al hacerse añicos provocan una sensación de encierro en el público, especialmente al comienzo de la película: así podemos sentir la frustración de Kyma por existir como un animal enjaulado. Con el tiempo, el espectador aprende a comprender los diferentes estados de ánimo de Kyma, guiado por la capacidad de Tony para comunicarse con ella. Dar forma a un ser que no la tiene es una proeza que la película consigue mediante el uso creativo de las figuras de Chladni, no solo en la arena, sino también en las copas de los árboles y otros elementos.

Los profesores de las escuelas de cine suelen aconsejar no trabajar con niños ni con animales; sin embargo, en el caso de Kyma, es un riesgo que mereció la pena.

Kyma es una producción de la francesa Moana Films, en coproducción con Sony Pictures Entertainment France. Sus ventas internacionales corren a cargo de Sony Pictures International.

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(Traducción del inglés)

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