Crítica: El vestido
por Katrin Büchler
- En su segundo largometraje, Jacob Santana retrata la relación cada vez más frágil entre una madre y su hija, que una fuerza misteriosa desequilibra aún más

Las películas de terror gótico siempre gozan de gran popularidad entre el público del Brussels International Fantastic Film Festival (BIFFF), por lo que resulta lógico que el regreso al género de la scream queen española Belén Rueda formara parte de la programación de este año. El vestido, el segundo largometraje del director español autodidacta Jacob Santana, marca también su segunda colaboración con Rueda tras el thriller Reversión (2025). La película acaba de celebrar su estreno internacional en este certamen belga dedicado al cine de género.
El vestido, escrita por Frank Ariza, es una cinta de terror clásica que utiliza el engaño para generar tensión y manipular la percepción de la realidad del espectador. La historia gira en torno a Alicia (Rueda), que, tras escapar de un matrimonio abusivo, se muda con su hija Carla (Vera Centenera) a una casa deteriorada pero con encanto, con la intención de reconstruir sus vidas. Dada su experiencia compartida de violencia, la relación entre madre e hija es ambivalente: por un lado, dependen emocionalmente la una de la otra; por otro, ambas arrastran traumas no resueltos que tensan considerablemente su vínculo. Una serie de acontecimientos aterradores se desencadena cuando la hija encuentra un vestido azul en el ático y se topa con una presencia inquietante que intenta separarlas.
Ariza y Santana demuestran un claro dominio de los códigos del terror. La película recuerda casi a un drama íntimo ambientado en la visión del más allá de Sartre, donde el infierno son los otros… ¿o quizá el horror proviene del interior? Los intérpretes también destacan a la hora de llevar al espectador por caminos equivocados, algo especialmente notable en el caso de la joven actriz Vera Centenera, de 13 años.
Alicia no sabe cómo proteger a Carla ante el peligro y, en lugar de ello, termina alejándola aún más al sobreprotegerla. El vestido ilustra cómo comportamientos parentales inadecuados desde el punto de vista del desarrollo —como la sobreprotección extrema, la invasión emocional o un estilo de maternidad absorbente— pueden desencadenar o contribuir a la aparición de trastornos alimentarios en los niños. Carla se priva de comer únicamente para poder entrar en el vestido, porque algo —o alguien— la impulsa a hacerlo.
Es una lástima que la película parezca tener dificultades para construir una identidad propia y alejada de las influencias anglosajonas. La casa donde se desarrolla la acción podría situarse en Amityville, el colegio de Carla recuerda a un internado inglés y el coche de Alicia parece un vehículo estadounidense antiguo. En efecto, el entorno carece de rasgos claramente españoles. A pesar de reunir muchos de los ingredientes de un buen largometraje de terror, la obra no saca suficiente partido a lo que podría haberla diferenciado: dejar que el terror se desarrolle en una España soleada y colorida, donde sería menos esperado y tendría un impacto aún mayor.
El vestido ha sido producida por la productora canaria AF Films, y las ventas internacionales de la película corren a cargo de Film Factory.
(Traducción del inglés)
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