Crítica: The Queen and the Smokehouse
por Mariana Hristova
- La ópera prima de Iga Lis es un conmovedor retrato de un lugar y de una mujer con una ética de trabajo incansable, ambientado en un rincón encantador de la costa báltica

Miecia no sería ella misma lejos del romántico balneario costero de Łeba, en la costa polaca, pero Łeba sería aún menos sin Miecia y su puesto de pescado ahumado, que regenta desde hace 40 años. Como la Mona Lisa y el paisaje envolvente que la rodea, difícilmente tendrían sentido la una sin el otro. La protagonista de The Queen and the Smokehouse, de Iga Lis, que compite actualmente en el goEast de Wiesbaden, es conocida popularmente como la Reina de Łeba, tanto por servir el mejor pescado de la ciudad como por su determinación de mantener en marcha su legendaria ahumadora “hasta que la muerte los separe”, hasta el punto de que incluso el tren turístico la recomienda como el principal atractivo de la zona.
Trabaja en la ahumadora día y noche, pero en su espacio privado prefiere estar sola y no depender demasiado de la voluntad de los hombres, especialmente durante la temporada alta de borracheras, marcada aparentemente por los recuerdos de su padre alcohólico. Con frecuentes pausas para fumar que alimentan su tabaquismo compulsivo, da la impresión de que el humo la ha consumido. Sin embargo, Miecia se ha entregado con pasión a su propia aura magnética. Su incansable ética de trabajo, que también se ha contagiado a su pequeño equipo, solo se ve interrumpida por unas preocupantes pruebas pulmonares que la obligan a someterse a una rehabilitación en un balneario, donde, quizá por primera vez, puede ponerse a sí misma en primer lugar. No por un impulso narcisista de autocuidado, sino porque, en el fondo, tiene ganas de vivir, de disfrutar de la vida y de la comunidad que ha construido en torno a su ahumadora.
Manteniéndose muy cerca de su protagonista, pero con ternura y delicadeza, Iga Lis traza el ciclo cotidiano de Miecia: desde momentos transformadores como la reforma de su puesto hasta detalles íntimos (la vemos en la cama con su perro, aplicándose crema de noche ante el espejo, semidesnuda durante una radiografía), mientras que la cámara minimalista del director de fotografía Kacper Gawron nunca resulta intrusiva y siempre encuentra el tono adecuado para cada secuencia. Mediante un montaje rítmico, una música enérgica en algunos pasajes y un tempo más contemplativo en otros, la rutina diaria de Miecia se despliega en pantalla como un tiovivo en la feria en la que el turismo ha convertido Łeba. Como sugiere el título original de la película, Bałtyk, no se trata tanto de Łeba en sí ni de la personalidad singular de Miecia, sino del espíritu báltico que se va desvaneciendo entre las atracciones, mientras uno de los últimos mohicanos sigue haciendo guardia a las puertas de la experiencia real en un continente que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en un parque de atracciones.
En tiempos en los que la gente recorre el mundo en busca de sentido y felicidad, colmándose de metas profesionales ambiciosas para sentirse “exitosos” e “importantes”, The Queen and the Smokehouse rinde homenaje a una mujer que nunca abandona su lugar, que dedica su vida a un trabajo sin tregua y que reafirma la sabiduría atemporal de que una existencia sencilla, al servicio y para el disfrute de los demás, puede ser la fuente más generosa de inspiración y plenitud. En este sentido, la película se percibe como un refugio reconfortante de esencia auténtica, que quizá no resulte tan compleja ni tan inaccesible como imaginamos.
The Queen and the Smokehouse es una producción de la polaca Munk Studio – Polish Filmmakers Association, en coproducción con Canal+, Silver Frame y MX35. Sus ventas internacionales corren a cargo de KFF Sales & Promotion.
(Traducción del inglés)
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