Crítica: Alea Jacarandas
por Muriel Del Don
- El último largometraje del director argelino Hassen Ferhani ofrece un retrato conmovedor y profundo no solo de su padre, sino también de una ciudad que, pese a todo, sigue amando con intensidad

Siete años después de 143 rue du Désert, por la que recibió el Leopardo al mejor director emergente en el Festival de Locarno, Hassen Ferhani presenta su nuevo largometraje, Alea Jacarandas, en el Visions du Réel, donde ha destacado en la competición Burning Lights (leer la noticia). Alea Jacarandas es una película poderosa, misteriosa y conmovedora que habla no solo de la transmisión, de los vínculos familiares y artísticos intensos, sino también de cómo seguir soñando pese a las atrocidades del pasado.
Este nuevo largometraje de Hassen Ferhani, que constituye un retrato valiente y poético de un padre y mentor que siempre ha observado el mundo con los ojos maravillados de un niño, no hace sino conmover profundamente. El padre del director, a la vez periodista, intelectual, ensayista y escritor, es una figura destacada de la escena intelectual de Argel, una ciudad que nunca ha querido abandonar y que alimenta cada página de sus libros. Sin embargo, lo que hace el cineasta no es proponernos una elegía del personaje público; su verdadero interés reside en mostrarnos su mundo interior, su vínculo con la ciudad y con la realidad que lo rodea.
A partir de una reflexión sobre las jacarandas —árboles exóticos procedentes de América Latina que se han extendido por toda la ciudad de Argel—, Hassen Ferhani habla no solo de la ciudad en la que nació y creció, sino también de la dificultad de aceptar la violencia de un pasado que ha dejado profundas huellas en cada calle, rincón y barrio. Argel, que constituye un lugar familiar y acogedor, pero también desgarrado por guerras sangrientas, se convierte en metáfora de las contradicciones que caracterizan a nuestra sociedad. Las jacarandas, al igual que Argel, son consideradas por el padre del director como alegorías de la libertad, la fantasía y la belleza, sueños despiertos que transforman la realidad en una magnífica aventura humana. “Soñar es una forma de resistencia”, nos recuerda el protagonista de la película, un acto de gran valor simbólico que permite luchar contra la violencia de la vida cotidiana. En este sentido, la capacidad de asombro se vuelve fundamental para sobrevivir a una realidad que ya no tiene mucho que ofrecer y que se esconde en un rincón como un animal herido. Soñar permite a ese mismo animal recuperar su fuerza y su belleza, volver a vivir en libertad junto a los suyos.
Gracias a un trabajo minucioso y preciso tanto en la música como en los sonidos (de la naturaleza y de la ciudad), Alea Jacarandas es una película profundamente musical, una especie de composición híbrida dominada por la inconfundible voz del padre del director. Con un ritmo lento e hipnótico que recuerda al poetry slam, este nos relata, a través de las páginas de sus libros y mediante reflexiones en voz alta, su mundo, su ciudad, su realidad. Su forma profundamente personal de observar los detalles, a las personas y, sobre todo, los márgenes de la sociedad, nos envuelve como un sueño del que no logramos —o quizá no queremos— despertar.
De una jacaranda a otra, de la página de un libro a su interpretación teatral, la película no deja de interrogar la realidad. Alea Jacarandas, compuesta por entrevistas, imágenes de archivo y conversaciones con amigos, familiares o desconocidos, es una obra que nos invita a mirar el mundo de otra manera, con ternura y fantasía, como si lo descubriéramos por primera vez.
Alea Jacarandas ha sido producida por Les Films du Bilboquet (Francia) en coproducción con Tact Production (Francia) y Guelta Production (Argelia). AndanaFilms se ocupa de las ventas internacionales.
(Traducción del italiano)
¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.















