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VISIONS DU RÉEL 2026

Crítica: Club Heaven

por 

- El debut en el largometraje del director neerlandés Jona Honer sumerge al público en uno de los clubes de música electrónica más reconocidos del mundo

Crítica: Club Heaven

Once años después de participar en el Visions du Réel con el mediometraje Up or Out, que contaba la historia de dos hermanos convencidos de poder vencer al mercado bursátil gracias a una fórmula mágica que elimina el factor humano del proceso de toma de decisiones, el director neerlandés Jona Honer regresa a Nyon con su sorprendente primer largometraje, Club Heaven, seleccionado en la competición Burning Lights. Ante el asombro de una realidad descubierta casi por casualidad pero que captó de inmediato su atención, Honer ha decidido adentrarse con este debut en el largometraje en las entrañas de uno de los clubes nocturnos de música electrónica más prestigiosos del mundo: el Play House de Chengdu, en China. A la vez majestuoso, impresionante y aterrador, este templo de la música electrónica revela ante la cámara sus lados más oscuros y los entresijos de las noches de fiesta, similares a rituales colectivos con consecuencias no siempre deslumbrantes.

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Club Heaven muestra, a través de una mirada rigurosa, minimalista pero nunca aséptica, tanto el éxtasis de jóvenes —ricos— que quieren trascender la realidad a través de la música y el alcohol como el agotamiento de quienes sostienen este ritual colectivo mediante trabajos precarios.

Los clientes y clientas del Play House de Chengdu, cegados por la búsqueda obsesiva de una embriaguez capaz de colmarlos —aunque sea por un instante— de una felicidad infinita, parecen no pertenecer a nuestro mundo. Gracias al uso de una cámara térmica que muestra el calor desprendido por los cuerpos de quienes frecuentan el club, esta sensación de alienación se intensifica aún más. Como figuras abstractas y fantasmales que bailan —aunque nosotros nunca escuchemos la música—, beben y se tambalean por efecto del alcohol, el público del Play House parece venir de otro mundo. El interior del club, que se filma con rigor pero también con poesía, acompañado por un silencio surrealista —sin diálogos ni música que acompañen las imágenes—, se nos muestra siempre a través del filtro del cine.

Ya se trate del ritual coreografiado de las botellas de champán llevadas con una solemnidad reverencial hasta las mesas de los clientes, como si fueran agua bendita; de los cuerpos inertes de chicas borrachas convertidas en muñecas de trapo; o de palabras susurradas al oído, en el Play House se hace todo al unísono. Con una atención minuciosa a los detalles, impregnados de significados secretos y ocultos, que el director observa con una mirada a la vez feroz y curiosa, el club se transforma en un templo donde perderse al ritmo obsesivo de la música electrónica.

La arquitectura minimalista y monumental del Play House domina y casi engulle a sus clientes, convirtiéndose en el verdadero protagonista de un ritual colectivo en el que la humanidad se dilata y desaparece, dando paso a misteriosos ectoplasmas. Los rituales que llevan a cabo los clientes están ligados a un capitalismo que devora con avidez cualquier forma de relación humana. El dinero se transforma así en hostias consagradas que permiten acceder a una especie de redención reservada únicamente a una élite privilegiada.

En contraste con este mundo de excesos, opulencia y olvido, aparecen los trabajadores y trabajadoras en la sombra que alimentan la fiesta de los “happy few”. Los empleados del club, filmados mientras descansan o comen entre turno y turno, cansados, adormilados pero decididos a aguantar hasta el final de la noche, se revelan a través de las pequeñas conversaciones que surgen durante las pausas. La presión es alta y el miedo a ser reemplazados constante, pero eso no impide que los trabajadotes sigan alimentando la máquina del entretenimiento como autómatas programados para actuar. Club Heaven es una película majestuosa, intrigante y poderosa que nos enfrenta a la locura de un mundo que vive del olvido.

Club Heaven es una producción de Países Bajos y Bélgica, liderada por Submarine, y coproducida por Clin d’Oeil y Human Film.

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(Traducción del italiano)

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