Crítica: Un sogno italiano
por Camillo De Marco
- Fausto Caviglia reconstruye setenta años de emigración italiana a Alemania a través de material de archivo y testimonios, restituyendo la dignidad histórica

Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania se encontraba en una situación precaria: era la época del Wirtschaftswunder, el “milagro económico”, y hacía falta mano de obra, pero muchos jóvenes alemanes habían caído en los campos de batalla. El 20 de diciembre de 1955, Alemania e Italia firmaron un acuerdo que regulaba la llegada de los llamados “trabajadores extranjeros”, los Gastarbeiter, a la República Federal de Alemania. De 1955 a 1976, cerca de 4 millones de italianos llegaron a Alemania desde Véneto, Friuli-Venecia Julia, Calabria, Apulia y Sicilia, las regiones con la tasa de desempleo más alta de entonces. Algunos de ellos se quedaron de forma permanente.
El joven director Çağdaş Yüksel, descendiente de tercera generación de trabajadores inmigrantes turcos, dedicó en 2021 al tema su documental Gleis 11, que toma su nombre del conocido andén 11 de la estación de Múnich, donde llegaban los Gastarbeiter, no solo de Italia sino también de Grecia, España, Portugal, Turquía, Marruecos, Túnez y Yugoslavia. Ahora, Un sogno italiano, de Fausto Caviglia, en los cines italianos desde el 7 de mayo de la mano de Piano B Distribuzioni, parte de aquel primer acuerdo para recoger testimonios y observaciones que narran la evolución de las relaciones entre Italia y Alemania, aún hoy en el centro del debate sobre la integración.
Los primeros años no fueron en absoluto fáciles. Como subraya al comienzo del documental el escritor alemán Daniel Speck, autor del libro Volevamo andare lontano, la América de las primeras inmigraciones invitaba a formar parte del país y de su sueño colectivo, “Alemania, en cambio, les dijo a sus trabajadores invitados que trabajaran duro, se callaran y luego desaparecieran. Ese era el acuerdo”.
A base de utilizar material de archivo fotográfico y audiovisual —como el del Istituto Luce o el Institut für Zeitgeschichte und Stadtpräsentation de Wolfsburg— y de recoger los testimonios de los trabajadores de entonces y de sus hijos y nietos, Un sogno italiano traza un arco narrativo que se desarrolla desde los años cincuenta hasta hoy. De pastor en una masseria (granja) de Apulia, Lorenzo Annese, hoy con 89 años, fue de los primeros italianos empleados en la planta de Volskwagen de Wolfsburgo, que escaló hasta convertirse en el primer miembro extranjero de un comité de empresa en Alemania. “Mi madre me dijo que escribiera en cuanto llegara, pero yo no sabía escribir”. Antes de entrar en la fábrica, Lorenzo movía bloques de cemento por un pfenning (una centésima parte de un marco alemán) cada 20 kilos, “y hacer una llamada a Italia costaba dos marcos”. Al marcharse de casa, “lo importante era no mirar atrás”, explica Vito Gaetano Nigro, que ni siquiera sabía que acabaría trabajando en una mina en Bochum, a mil metros bajo tierra. “Todo era muy triste; ya no te reías, te convertías en otra persona”. Francescantonio Garippo, hoy alcalde de Kästorf-Sandkamp, relata cómo era la vida de los italianos en Wolfsburgo. Había un campo de barracones con habitaciones de cuatro metros cuadrados donde dormían tres personas, vigiladas por guardias de la fábrica con perros lobo. Solo había un médico para alrededor de 10.000 Gastarbeiter. Antonio Riccò, exdirector educativo del Consulado General de Hannover, habla de un “sentimiento de inestabilidad emocional y social que minaba una integración inteligente y constructiva”.
La situación ha cambiado, se construyeron edificios para los Gastarbeiter y las familias se reunificaron. El papel de las mujeres cobró cada vez más importancia. “Se fueron insertando lentamente en el sistema, aprendiendo el idioma y trabajando”, subraya Daniela Cavallo, presidenta del comité de empresa de la Volkswagen, una de las muchas hijas e hijos de los Gastarbeiter que han alcanzado posiciones sociales relevantes.
En su constatación histórica de las posibilidades de la integración, alcanzada gracias a una tenacidad y un optimismo inquebrantables, Un sogno italiano es una invitación a reflexionar más a fondo sobre la tendencia regresiva de las demandas nacionalistas del soberanismo en Europa, con neologismos como “remigración”, sinónimo de deportación, que están convirtiéndose en consignas dominantes en el léxico xenófobo de todo el mundo occidental. Un lenguaje que revela la crisis del presente: el empobrecimiento, la inseguridad social, el miedo ante los escenarios de conflicto global.
Un sogno italiano ha sido producida por Orisa Produzioni (Italia) en colaboración con Latteplus (Alemania).
(Traducción del italiano)
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