email print share on Facebook share on Twitter share on LinkedIn share on reddit pin on Pinterest

PELÍCULAS / CRÍTICAS España / Bélgica

Crítica: Yo no moriré de amor

por 

- Basándose en su propia experiencia vital, la debutante Marta Matute expone de forma naturalista los efectos demoledores que causa la grave enfermedad de una madre entre los familiares que la cuidan

Crítica: Yo no moriré de amor
Júlia Mascort y Sonia Almarcha en Yo no moriré de amor

La gran triunfadora de la última edición del Festival de Málaga, Yo no moriré de amor, ópera prima de Marta Matute, llega a los cines españoles este viernes, 8 de mayo, distribuida por Elastica. La cinta no sólo cosechó la Biznaga de Oro a la mejor película española de la sección oficial, sino también trofeos para dos de sus intérpretes (la novel Júlia Mascort, mejor actriz, y el veterano Tomás del Esnal, actor de reparto), más el galardón Feroz Puerta Oscura.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
insularia_Josué

Con guion de la propia directora –que ha perfeccionado en la Residencia de la Academia de Cine, entre otros laboratorios– y basándose en una década de su vida, la película narra, de forma concisa y naturalista, sin cargar las tintas del dramatismo, cómo una familia del extrarradio madrileño empieza a notar que la madre (encarnada por Sonia Almarcha, estremecedora en algunas escenas) empieza a dar síntomas de una enfermedad cerebral degenerativa.

Según avanzan los años sus dos hijas –Inés, la mayor, que vive en Barcelona (Laura Weissmahr, siempre con la emoción a flor de piel) y la joven Claudia (la mencionada Mascort)– y el padre (Tomás del Esnal) tendrán que convivir de cerca con ese mal sin freno ni marcha atrás, adaptando sus días a los cuidados de la madre.

Y esta no es precisamente una familia de catálogo de muebles, sino una normal y corriente, poco dada a manifestar sus emociones y sentimientos, con escasos medios como para poder contratar a especialistas médicos, que debe asumir los cuidados continuos de una persona amada a la que va perdiendo según se suceden los meses. Esa situación, que muchos espectadores pueden haber padecido, resulta demoledora para el hogar que lo sufre.

Eso es lo quiere denunciar desde este largometraje su autora: la falta de ayudas efectivas por parte de los gobiernos para cuidar a enfermos crónicos, peso que recae sobre sus allegados, con consecuencias agotadoras. Lo hace con una puesta en escena madura, contenida, medida y detallista, donde tienen más peso los silencios, las elipsis y las miradas que los propios diálogos.

Así, según avanzan los años y acuciados por una fuerza mayor, los parientes unirán fuerzas, aparcarán sus diferencias y dejarán traslucir su nivel de empatía mientras el desgaste emocional y físico –daños colaterales de esa dolencia materna– hacen mella en sus rutinas, sobre todo en Claudia, que aún está descubriendo el mundo y a sí misma.

Pero esta no es una cinta sobre las afecciones, sino sobre los cuidados, que alza la voz exigiendo una ley de dependencia que apoye a los pacientes crónicos y a quienes viven el vía crucis de cuidarlos 24 horas al día. Y esto solo se consigue, a veces, disociándose de una realidad que pesa demasiado, como le sucede a la joven Claudia.

Yo no moriré de amor es una producción de las compañías españolas Solita y Elastica y de la belga Saga Film.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy