Crítica: Óculos de Sol Pretos
por Olivia Popp
- Un joven se une a su antigua compañera de la escuela de cine como ayudante de producción en el encantador y excéntrico pastiche de Pedro Ramalhete, concebido como un homenaje al propio cine

Tras reencontrarse por las calles de Lisboa con su antiguo compañero de la escuela de cine, el soñador y algo vago (Henrique Gil), la aspirante a productora Clara (Júlia Valente) le invita a unirse como ayudante de producción a un proyecto local. El guionista y director Pedro Ramalhete nos lleva por toda la capital portuguesa en su ópera prima, Óculos de Sol Pretos, un delicado ejercicio de equilibrio entre los matices románticos de los dos antiguos compañeros y sus intentos de mantener la producción funcionando sin sobresaltos. La película tuvo su estreno portugués en la competición nacional de IndieLisboa, además de ejercer como la representante portuguesa en la programación de la red europea de festivales SMART7.
El hecho de que lleguemos a ver tanto de Lisboa es uno de los grandes placeres de una película como esta, en la que cada elemento contribuye a hacerla más viva. Entre un tendero que habla chino, apetitosos pasteles y calles sinuosas por las que un entusiasta João salta y brinca constantemente, la ciudad se siente auténtica y acogedora. Ramalhete nos permite descubrir este rico y a menudo divertido elenco de personajes, desde el taimado productor del rodaje, que aparece en el set sin previo aviso, hasta el temperamental equipo creativo que solo quiere sacar adelante una buena película.
A través de sus múltiples homenajes al propio medio cinematográfico, la película mantiene intacto su encanto, aunque los intentos de Ramalhete por probarlo todo al menos una vez puedan resultar a menudo algo dispersos. Aunque la acumulación de recursos termine pareciendo innecesaria por momentos, el director conserva un tono cálido y juguetón al experimentar abiertamente con el ritmo y el estilo, incluyendo una escena acelerada en blanco y negro, intertítulos y secuencias sin diálogo. En uno de los momentos más extraños y oníricos de la película, João se enfrenta a una cámara cinematográfica parlante que ejerce de terapeuta. Óculos de Sol Pretos, el título original de la película (lit. "Gafas de sol negras"), se debe a la tendencia del protagonista a llevar constantemente el artículo epónimo, algo que podría leerse como una suerte de homenaje godardiano.
A lo largo de 72 minutos, Óculos de Sol Pretos tiene dificultades para decidir hacia dónde quiere dirigirse y qué pretende lograr (en sintonía con su protagonista, João). Sin embargo, la recompensa de la película es, en última instancia, el trayecto divagante, mientras Ramalhete sigue sus intentos por no cometer errores en el trabajo y pasar aunque sea un poco de tiempo con Clara. Ambos resultan algo difíciles de descifrar: ¿qué piensan y sienten realmente el uno por el otro? Al final, Ramalhete nos aleja suavemente de una lectura convencional: esto no es ni un romance de combustión lenta ni un encuentro casual de manual. Lo que pretende ser, ante todo, es una carta de amor al cine: cualquier cosa por amor al cine.
Óculos de Sol Pretos es una producción de la portuguesa Ar de Filmes, que también se encarga de sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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