CANNES 2026 Quinzaine des Cinéastes
Crítica: Shana
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: La película de Lila Pinell, impulsada por un personaje con una gran personalidad, es una contundente tragicomedia feminista sobre el tema del control

“Observaba a la gente. No tenían ni idea de lo que estaba viviendo. Les envidiaba por tener una vida tranquila”. Con Shana, el personaje protagonista de su segundo largometraje (el primero que dirige en solitario), presentado en la Quincena de los Cineastas del 79.º Festival de Cannes, Lila Pinell ha elegido a una figura explosiva, combativa hasta el insulto, que aspira a “una vida normal”, pero que está completamente atrapada en la esclavitud de una relación amorosa tan apasionada como tóxica. Una personalidad desbordante cuyos infortunios despiertan de manera irresistible la simpatía atónita del espectador, en una propuesta lúdica y, al mismo tiempo, de una modernidad hiperrealista que aborda de forma sutil cuestiones sociales tan delicadas como paradójicas.
Shana (Eva Huault) está acostumbrada a los enfrentamientos y no tiene miedo de subir el tono cuando se siente atacada, especialmente por su madre (Noémie Lvovsky), con quien mantiene una relación tormentosa. Pero en su vida sentimental se ha sometido voluntariamente a una relación de dependencia absoluta por amor al manipulador y perverso Moïse (Sékouba Doucouré), un traficante de drogas encarcelado, auténtico quebradero de cabeza que le ha delegado sus pequeños negocios ilícitos y que sigue controlándola a distancia. Sin embargo, el despertar será brutal...
Atrapada entre la fuerza hiriente de la negación y el deseo de empoderarse a lo girl power, Shana —de apariencia impactante, con su elevada estatura, sus tops extremadamente escotados y sus labios retocados— navega e improvisa en el París contemporáneo (marcado por el individualismo, las amigas que comparten su interés por la cirugía estética, los trabajos precarios para subsistir, etc.), mientras la película va revelando poco a poco el origen del desequilibrio emocional que la ha llevado a una existencia que se convierte en pesadilla con la salida de prisión de Moïse y la necesidad urgente de recuperar el dinero que ha malgastado.
La película, sostenida por la presencia constante y extraordinaria de Eva Huault, avanza a toda velocidad a través de una trama concentrada en apenas una semana. Al coquetear con el humor burlesco y apoyarse en una realidad a veces muy dura (“las drogas y las mujeres embarazadas, la prostitución al alcance de cualquiera, el abandono infantil”), Lila Pinell explora las contradicciones (“no soy supersticiosa, pero tampoco quiero tentar al destino”; ser judía de origen marroquí y propalestina; las relaciones humanas marcadas por el amor y la traición, etc.) mediante las peripecias de una comedia dinámica y de humor feroz. A través del proceso de toma de conciencia de una mujer, la cineasta construye un retrato feminista entrañable que rasca bajo la superficie de la sociedad en busca de la verdad, evitando simplificaciones y amalgamas fáciles.
Shana fue producida por Ecce Films y CG Cinéma, y coproducida por France 2 Cinéma. Les Films du Losange se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del francés)
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