CANNES 2026 Quincena de los Cineastas
Crítica: Butterfly Jam
por Olivia Popp
- CANNES 2026: En el tercer largometraje de Kantemir Balagov, el nuevo personaje de padre soltero de Barry Keoghan se ve inmerso en una crisis de masculinidad con su hijo adolescente

“Soy un cuento de hadas”, dice Barry Keoghan en su nuevo papel como un padre soltero caprichoso y disfuncional, esta vez en el tercer largometraje de Kantemir Balagov. El joven director ruso en el exilio, de ascendencia circasiana, alcanzó el reconocimiento de la crítica con su segundo largometraje, Una gran mujer, presentado en la selección Un Certain Regard en 2019, donde se alzó con el premio a la mejor dirección y el premio FIPRESCI. Ahora bien, por muchas versiones de este tipo de papel que interprete el actor irlandés, lo hace con tal brío que resulta imposible no dejarse arrastrar, incluso cuando la película construida a su alrededor se ve lastrada por su guion.
Con Butterfly Jam, que acaba de celebrar su estreno mundial como película de apertura de la Quincena de los Cineastas en el Festival de Cannes, Balagov firma su debut en lengua inglesa. El padre soltero Azik (Keoghan) y su hermana embarazada, Zalya (Riley Keough), regentan un pequeño restaurante circasiano en Nueva Jersey y tratan de llegar a fin de mes. El hijo de Azik, Temir (el actor turcoestadounidense nacido en Kazajistán Talha Akdogan), es un luchador en ciernes que se siente atraído por su compañera de disciplina, Alika (Jaliyah Richards, en su primer papel en el cine).
Se revela una grieta (reprimida, pero omnipresente) entre las concepciones de la masculinidad de Temir y Azik: la de Azik está arraigada en impresionar a las mujeres y en un cierto machismo con el que su hijo simplemente no conecta. Por mucho que el cineasta componga escenas con una química coral muy vívida, los momentos clave a nivel emocional se ven decepcionantemente lastrados por unos diálogos extrañamente recargados en un guion firmado por el propio director junto a Marina Stepnova (aunque Keoghan sortea este escollo con naturalidad). De esta forma, los arcos de los personajes quedan en parte sin desarrollar: un ejemplo de ello es la importancia que tiene la lucha de Temir en la relación entre él y su padre. Del mismo modo, Zalya permanece más como un apéndice de esta historia, que también se apoya en la importancia de las mujeres en la vida de los hombres, pese a que existan en los márgenes.
Cuando el amigo de Azik, Marat (Harry Melling, en un papel decididamente distinto al que interpretó en Pillion, seleccionada el año pasado en Un Certain Regard), intenta asociarse con él para conseguir dinero rápido, su mueca (bigote y dientes torcidos incluidos) empieza a definir al personaje. Su presencia errática alimenta el sorprendente giro del tercer acto, parcialmente compensado por un mayor desarrollo del tema de la masculinidad, aunque eso arrastre la película hacia otra dirección inesperada.
Hacia el final, varios hilos narrativos quedan desatendidos en favor de unos cuantos caprichos aislados, aunque estos consiguen provocar algunas risas. Por suerte, es más fácil perdonar buena parte de la irregularidad del ritmo gracias a las imágenes de Balagov que, con la fotografía de Jomo Fray, flotan con naturalidad entre los personajes. Una cámara errante logra que las escenas largas sigan resultando inmersivas y extraordinariamente dinámicas, mientras que las secuencias entre dos personajes resultan mucho más rígidas y proclives al literalismo.
Incluso con el guion descompensado de Butterfly Jam, el esperado regreso de Balagov a la gran pantalla, no hay que dar por perdido al cineasta. Las escenas sin diálogos brillan con fuerza, destacando en particular dos que se apoyan sobre todo en el movimiento y el sonido. En una, padre e hijo activan decenas de alarmas de coche en un hermoso arrebato lúdico, y en otra, vemos a Azik y Zalya bailar en la cocina, un momento de alegría desbordante en medio de una vida errática.
Butterfly Jam es una coproducción entre Francia, Alemania, Bélgica y Estados Unidos, producida por Why Not Productions, en coproducción con Senator Film Produktion, Les Films du Fleuve, ARTE France Cinéma, A.R. Content y Goodfellas. Goodfellas también gestiona sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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