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CANNES 2026 Semana de la Crítica

Crítica: Tin Castle

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- CANNES 2026: Alexander Murphy firma un documental afectuoso, respetuoso y magníficamente encuadrado sobre una familia gitana muy entrañable y parcialmente asentada

Crítica: Tin Castle

“Seré un traveller hasta el día de mi muerte”. Es una puerta que se balancea suavemente con el viento, dejando entrar y salir libremente, en pleno corazón del campo, a una multitud de niños. Esa es la puerta que el documentalista Alexander Murphy ha conseguido cruzar al sumergirse por completo en el seno de la familia O'Reilly, protagonista coral del excelente y maravilloso Tin Castle, que ha sido presentado en la competición oficial de la Semana de la Crítica del 79.º Festival de Cannes. A lo largo de las estaciones, el cineasta francoirlandés filma con enorme ternura y poesía a esta comunidad de doce miembros (los padres, cinco hijas y cinco hijos, el mayor de los cuales tiene 16 años) que vive en una vieja caravana instalada ilegalmente al borde de una carretera, otorgando toda su dignidad a unos personajes cuya existencia, sin embargo, es profundamente precaria.

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“Déjate llevar por la corriente”. Herederos de una larguísima tradición traveller, en la que el cuidado de los caballos (adiestrados con sulkys) y de los perros (utilizados para la caza de conejos) ocupa un lugar central en la vida cotidiana, apartados del mundo (“más allá del puente”), entre los verdes prados y campos del condado de Tipperary, en la provincia de Munster, esta pequeña tribu resiste contra viento y marea. Un generador eléctrico averiado, el frío del invierno, unas ayudas sociales apenas suficientes para subsistir, la tentación de mudarse a una casa de verdad, la amenaza de un proceso judicial con la espada de Damocles de una posible condena de prisión sobre el padre, el hacinamiento extremo y la oscuridad absoluta de las noches, cuando nunca se sabe qué puede ocurrir… Esta familia no lo tiene nada fácil. Mientras los más pequeños acuden a la escuela, los mayores ya trabajan ayudando a su padre con los animales. Pero, aunque la corona esté oxidada, el orgullo de ser traveller, la transmisión de las tradiciones y una solidaridad inquebrantable siguen siendo principios irrenunciables.

Con una cámara que se acerca al máximo a sus protagonistas, Alexander Murphy devuelve con creces la confianza que estos depositan en él, engrandeciéndolos gracias a su extraordinaria capacidad para captar la espontaneidad libre, alegre y enérgica de los niños, así como a la delicadeza con la que retrata las preocupaciones de los padres. Se trata de una aproximación inmersiva pero discreta, alimentada por una multitud de secuencias que dotan a cada miembro de la familia de una identidad propia y que permiten construir, a través de pequeños trazos caleidoscópicos, un retrato familiar profundamente empático. Si a ello se suman unos paisajes magníficos (fotografiados por el propio director), unas intervenciones musicales perfectamente medidas, compuestas por Kevin O'Leary y Mathias Levy Valensi, que casi llegan a acompasarse con el sonido de los cascos de los caballos sobre el asfalto, y un montaje de Nicolas Longinotti que potencia la extraordinaria creatividad visual de las imágenes, resulta fácil comprender por qué Pa’, Lisa, Sean, Patrick, Chantelle, Tina, Maggie, Willy, Jimmy, Martin Anthony, Scarlett Rose y MacKenzie están destinados a entrar por la puerta grande en la mitología de los travellers.

Tin Castle ha sido producida por la francesa Goodseed Productions y la irlandesa Samson Films. Films Boutique gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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