Crítica: Everytime
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: Sandra Wollner firma una obra poderosamente enigmática, un vertiginoso tobogán narrativo magistralmente puesto en escena

“Todas las soluciones están impresas al pie de la página. Para determinar la raíz, hay que distinguir entre dos casos”. Al contrario de lo que pueda parecer (un concepto al que sabe darle la vuelta como a un guante), probablemente no sea a las matemáticas a lo que Sandra Wollner alude al comienzo de su nueva película, la más que intrigante y fascinante Everytime, presentada en la sección Un Certain Regard del 79.º Festival de Cannes.
Y es que lo que la cineasta austríaca orquesta con enorme calma es un auténtico espectáculo en dos tiempos, en el límite de la hipnosis o de las sustancias alucinógenas, bajo el sol veraniego de Berlín y después de Tenerife. Un viaje a través del espacio-tiempo, de recuerdos, desapariciones y reapariciones, de signos y ecos indecibles, tejido en una materia cinematográfica narrativamente deslumbrante y visualmente sublime, aunque paradójicamente anclada en un realismo contemporáneo absoluto de la vida cotidiana.
“No puedo hacer milagros”. Ella (Birgit Minichmayr), que vive sola con sus dos hijas —Jessie (Carla Hüttermann), que está a punto de cumplir 17 años, y la pequeña Melli (Lotte Shirin Keiling), que no tiene pelos en la lengua—, ha preparado las maletas para irse de vacaciones al día siguiente y ultimar los detalles por teléfono, mientras sus hijas discuten por la falta de intimidad en la habitación que comparten. Lux (Tristan López), un compañero de clase de Jessie, también está de paso, y ambos adolescentes acaban reuniéndose más tarde para una noche de fiesta que hará que la película dé —sin desvelar nada— un giro hacia una dimensión completamente distinta…
“Retrocedes, das vueltas alrededor, vuelves a atacar”. La cineasta nos sumerge en un vasto subsuelo psicológico del que sus personajes no encuentran la manera de escapar, atrapados en una maraña de culpa y angustia, aunque intentando mantener las apariencias y salir adelante juntos como pueden. Pero hay un faro y un sol que se niega a ponerse, como una grieta que abre una percepción circular del tiempo, una entrada a lo fantástico que Sandra Wollner introduce con muchísima paciencia mediante larguísimos planos secuencia extremadamente sofisticados (mención especial para el director de fotografía Gregory Oke). Una dosificación de elementos que aprovecha a la perfección los escenarios naturales —especialmente un Berlín desierto al amanecer, los acantilados de Tenerife con el horizonte marítimo, el estruendo de las olas y un hotel costero de geometría exterior muy sugerente— e incluso el interior de un videojuego. Como un deus ex machina que juega (“partiéndose la caja”) con las profundidades del inconsciente, la directora conduce lentamente al espectador hacia un mundo paralelo donde los milagros se vuelven posibles, tejiendo una película hipnótica que va sembrando pistas ocultas y preparando secretamente impactantes giros dramáticos. Everytime, que se revela como una película extraordinariamente rica en todos los sentidos, sigue siendo, no obstante, una cinta profundamente enigmática, pero sin duda ese era el objetivo de la cineasta al superponer pasado y presente, como los choques que sacuden el espíritu y abren la puerta a dimensiones paralelas. Es solo una hipótesis y, en el fondo, poco importa, porque la película demuestra sobre todo las extraordinarias capacidades de una directora en pleno ascenso.
Everytime ha sido producida por The Barricades (Alemania) junto con Panama Film (Austria). Charades gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del francés)
Galería de fotos 18/05/2026: Cannes 2026 - Everytime
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