Crítica: L'Inconnue
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: Arthur Harari abre un portal hacia lo imposible al firmar una obra extraordinaria y críptica sobre la identidad humana bajo la máscara inquietante y perturbadora del cine fantástico

“No sé qué te ha pasado, qué me ha pasado”, “¿qué está pasando?”, “¿me reconoces?”, “¿dónde estamos?”, “¿dónde está ella?”. Bienvenidos al mundo interior, lleno de enigmas y secretos, de L'Inconnue, de Arthur Harari, una película fascinante, apasionante y vertiginoso hasta el desasosiego, presentada en la competición oficial del 79.º Festival de Cannes. Al trastocar las fronteras de la percepción entre el cuerpo y la mente, el cineasta francés (ganador del Óscar al mejor guion por Anatomía de una caída) se aventura audazmente al otro lado del puente, en el territorio aparentemente muy codificado del cine de género y de investigación en torno a un acontecimiento totalmente inexplicable, opresivo y pesadillesco, que pone radicalmente en cuestión la propia existencia de sus protagonistas, atrapados en otra dimensión. Pero, en realidad, en lo más profundo y en los reflejos de los espejos, teje un tapiz inmensamente sofisticado sobre la condición humana, la vida y la muerte, el tiempo y la memoria, dejando puertas y ventanas abiertas a todas las interpretaciones.
“Te va a venir bien. ¿Quieres o no quieres?”. El solitario fotógrafo David (Niels Schneider), arrastrado por unos amigos a una frenética fiesta carnavalesca, decide tomarse una pequeña pastilla antes de quedar atrapado más tarde por la mirada de una mujer (Léa Seydoux), a la que sigue hasta un sótano donde ella mantiene con él una intensa relación sexual, sin pronunciar una sola palabra. Cuando David recupera la consciencia, tambaleándose por la borrachera, y lo meten en un taxi, vislumbra fugazmente en el retrovisor el rostro de la desconocida. Al despertarse a la mañana siguiente, constata, completamente conmocionado, una evidencia: ahora está en el cuerpo de esa mujer. Se trata de una desconocida que, sin embargo, no lo es tanto, ya que él ya se había fijado en ella —e incluso la había fotografiado— mientras trabajaba como camarera una boda de oro en la que había sido contratado para hacer retratos. Presa del pánico, David intenta encontrarla —y, por tanto, encontrarse a sí mismo—, mientras una nota enigmática hallada en un bolsillo roto del impermeable de la mujer le pone sobre una pista. Al tirar del hilo, pronto descubre su identidad física: Eva. Y al día siguiente, por fin recupera su propio cuerpo. Pero llega una segunda sorpresa: ya no está habitado por Eva, sino por Malia (Lilith Grasmug), una joven que ha sufrido la misma desgracia que David. Juntos, unen sus fuerzas desconcertadas, incluso desesperadas, para esclarecer este extrañísimo caso, que tiene consecuencias gigantescas para sus vidas…
La película, que domina a la perfección el primer nivel superficial de la investigación mediante un sistema de pistas encadenadas (preguntas apoyadas en fotografías, un rostro en un folleto, los créditos de una película, un segundo apartamento, un pasaporte, un vagabundo idéntico, unas zapatillas azules, localización telefónica, llamamientos a testigos, una historia de fondo, etc.) y de giros argumentales, juega también con una atmósfera de angustia depresiva omnipresente (narrativa, visual y musical), teñida de una desorientación kafkiana. Al dosificar una infinidad de pequeños detalles sugestivos insertados orgánicamente en la trama, Arthur Harari cincela como un orfebre las capas más ocultas de su discurso, multiplicando las pistas (metempsicosis, la droga DMT y las experiencias de muerte inminente, la depredación, un barrido del karma psicoanalítico, una inmersión imaginaria a lo Alicia en el país de las maravillas, la esquizofrenia, pero sobre todo el tema del suicidio, evocado discretamente en varias ocasiones —a través de Robert Salengro, por ejemplo—) y comparte subrepticiamente sus reflexiones existencialistas y metafísicas sobre la naturaleza de la experiencia humana, dando como resultado una película genialmente audaz y de una riqueza inmensa, aunque su envoltorio desconcertará sin duda a más de uno.
L’inconnue ha sido producida por las francesas bathysphère Productions y To Be Continued Productions, y coproducida por las francesas Pathé Films, France 2 Cinéma y Logical Content Ventures, las italianas Ascent Film y Rai Cinema y la canadiense 2632-7197 Quebec. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Pathé.
(Traducción del francés)
Galería de fotos 18/05/2026: Cannes 2026 - The Unknown
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