Crítica: Paper Tiger
por David Katz
- CANNES 2026: la última tragedia neoyorquina de James Gray, con Adam Driver y Miles Teller como hermanos y socios empresariales, combina una parte de tosquedad con varias de sublimidad

Si queremos investigar el extraño caso de James Gray, el Festival de Cannes es probablemente el mejor punto de partida. La selección del festival depende en gran medida del mercado internacional de ventas del cine de autor, pero, pese a esa importante orientación comercial, sigue desempeñando un papel prescriptor e incluso de consagración. Si somos estrictos, ¿por qué, si no, habría sido Gray seleccionado tantas veces, teniendo en cuenta la tibia acogida (o incluso el amplio rechazo por parte del público) que han recibido la mayoría de sus películas? (Francia es la gran excepción). Una expresión habitual para describir una dirección cinematográfica hábil es el control del tono o la “gestión tonal”. Las películas de Gray, incluida Paper Tiger, presentada este año en competición en Cannes, pueden dar la impresión de ser una acumulación deliberada de elementos discordantes. Sin embargo, para su grupo de fervientes admiradores (entre los que se incluye este crítico), esas disonancias acaban resolviéndose en una consonancia emocional absoluta.
Gray ya había transitado previamente este terreno narrativo y temático con sus anteriores participaciones en Cannes, La noche es nuestra y La otra cara del crimen, pero aquí impregna su estilo de thriller criminal con la calidez familiar y el tono confesional de Armageddon Time, una película profundamente autobiográfica en la que retrataba a su conflictiva familia judeoestadounidense residente en Queens, Nueva York. Pese a su inclinación por una especie de taquigrafía dramática clásica y por ciertos binarismos entre personajes (en obras anteriores: policía/delincuente; civilizado/salvaje; blanco/afroamericano), que muchos consideran ingenuos o reduccionistas, la relación central entre los hermanos Gary (Adam Driver) e Irwin Pearl (Miles Teller) está construida con enorme detalle y matices, y refleja años de heridas, competitividad, traumas heredados y, sobre todo, afecto incondicional.
La historia transcurre en 1986, durante el auge de la transformadora era Reagan en Estados Unidos. Irwin es un ingeniero y manitas de éxito, aunque sigue asfixiado económicamente; Gary es un antiguo agente del NYPD convertido en un lucrativo consultor de seguridad para grandes infraestructuras cívicas de la ciudad, como la Autoridad Portuaria. Es ostentoso, con el pelo peinado hacia atrás y un voluminoso busca típico de los años ochenta que no deja de sonar, pero en el cuerpo lo conocían como “Don Limpio”, porque nunca aceptaba sobornos. Su tendencia natural a buscar oportunidades siempre estaba limitada por un código ético, por flexible que pudiera resultar. Gary detecta una posible oportunidad de negocio vinculada a la renovación de las vías fluviales de los distritos periféricos de la ciudad, ahora en manos de inmigrantes rusos, considerados mejores socios potenciales que la mafia italiana que anteriormente las controlaba. Son ingenuos, aunque de una forma verosímil para personas tan ambiciosas y decididas a prosperar, y su creciente relación comercial con estos nuevos propietarios, bajo el paraguas de compañías petroleras recién creadas y vinculadas a la mafiya, termina arrastrándolos a un problema de enormes dimensiones.
Scarlett Johansson interpreta a Hester, la esposa de Irwin, personaje al que se reserva una importante trama secundaria bastante desligada del resto de la historia, centrada en un problema de salud terminal. Aun así, funciona como una especie de conciencia moral (aunque llamarla un “superyó” quizá sería exagerado) frente al ello de su marido y al yo de Gary. La película está llena de secuencias de confrontación angustiosas: entre la familia y la mafia, entre hermano y hermano, entre esposa y marido. También incluye una magnífica persecución de coches seguida de una persecución a pie por un maizal inspirada en Con la muerte en los talones. Es pura tragedia griega, con un epígrafe inicial en pantalla extraído del Agamenón de Esquilo, nada menos, salpicada de clichés de manual propios del cine criminal, cercanos por momentos a las películas de acción destinadas al mercado doméstico.
Paper Tiger es ya el sexto largometraje de Gray presentado en competición en Cannes. En todas las ocasiones anteriores volvió a casa de vacío y a menudo abatido, y en dos casos (La otra cara del crimen y El sueño de Ellis), el nefasto Harvey Weinstein saboteó sus estrenos. Esta nueva película será un auténtico regalo para sus seguidores; muchos otros tendrán objeciones perfectamente justificadas, tanto políticas como estéticas, y quienes se acerquen por primera vez a su cine probablemente sentirán una gran curiosidad. Fanfarrona, torpe y poderosa, es una bestia imposible de domesticar.
Paper Tiger es una coproducción entre Estados Unidos, Brasil e Italia, impulsada por Keep Your Head Productions, RT Features y Leone Film Group. The Veterans gestiona sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 16/05/2026: Cannes 2026 - Paper Tiger
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© 2026 Fabrizio de Gennaro for Cineuropa - fadege.it, @fadege.it
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