Crítica: Ben'Imana
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: Marie-Clémentine Dusabejambo se da a conocer con un primer largometraje emocionalmente poderoso y sólidamente anclado en la realidad postgenocidio de Ruanda

“¿Qué justicia puede apaciguar las preguntas que me desgarran el corazón?” Es 2012, en el distrito de Kibeho, y casi 18 años después del genocidio de 1994, una política nacional intenta reconciliar y reunificar Ruanda mediante la organización de los llamadas juicios gacaca, que siguen la tradición del “palabra contra palabra”. ¿Saldrá la verdad a la luz? ¿Es realmente posible perdonar? ¿Y qué verdad puede existir cuando “hay cosas que no se pueden decir, cosas enterradas en lo más profundo del ser, cosas que no se olvidan”? Ese es el delicado tema al que Marie-Clémentine Dusabejambo ha decidido dedicar su excelente primer largometraje, Ben'Imana (presentado en la sección Un Certain Regard del 79.º Festival de Cannes), explorando de manera metódica e inteligente todas sus facetas, paradojas y consecuencias visibles e invisibles, pero sobre todo encarnándolas a través de varios personajes femeninos de enorme fuerza.
“Es un viaje hacia uno mismo, hacia la comprensión, que libera y sana las almas heridas: el perdón es la clave”. “¿Por qué sigues con esas teorías absurdas sobre el perdón? El perdón es algo personal, no se negocia ni se compra”. Las hermanas Veneranda (Clémentine U. Nyirinkindi) y Suzanne (Isabelle Kabano) tienen visiones diametralmente opuestas sobre cómo afrontar la búsqueda de los responsables de la masacre de su familia. De hecho, la primera organiza reuniones entre las mujeres del pueblo para “preparar los testimonios para el juicio y evitar humillaciones públicas”: “aquí, entre nosotras, podéis llorar, gritar; sois libres de expresaros”. Pero esa liberación de la palabra está lejos de resultar sencilla cuando se han cometido actos atroces ante los que muchos miraron hacia otro lado, o cuando el recuerdo agudo del sufrimiento alimenta la locura y la sed de venganza. A ese torbellino emocional se suma además el deseo de emancipación de las nuevas generaciones —encabezadas por Tina (Kesia Kelly Nishimwe), hija de Veneranda—, que quieren amar sin discriminaciones, pero que chocan con los fantasmas y el pesadísimo legado del pasado (“aquella noche murió la mitad del pueblo; unos mataron, otros fueron asesinados; perdimos el sentido de la vida; este pueblo es un cementerio”).
“Di lo que viste y oíste”. Sobre este principio narrativo, la directora ha construido un guion especialmente bien concebido, alternando las escenas del tribunal popular, las reuniones de mujeres con la esperanza de liberar la palabra y los conflictos familiares que atraviesan a Veneranda, Suzanne y Tina (sin olvidar a Arivere Kagoyire en el papel de la abuela muda). Se trata de un enfoque de 360 grados que permite a la cineasta iluminar en profundidad todos los ángulos de una tragedia cuyas heridas siguen abiertas de múltiples formas, y firmar, apoyada además por la autenticidad de sus intérpretes, una película notable.
Ben'Imana ha sido producida por Ejo-Cine (Ruanda) y Princesse M Productions (Gabón), en coproducción con Les Films du Bilboquet (Francia) y Duo Film (Noruega). mk2 Films gestiona las ventas internacionales.
(Traducción del francés)
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