CANNES 2026 Proyecciones especiales
Crítica: Le triangle d’or
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: El dinero corre a raudales pero no da la felicidad en la contundente ópera prima de Hélène Rosselet-Ruiz, una inmersión en clave femenina en una jaula de oro

“Solo estamos nosotras dos; nadie lo sabrá jamás”. Esa es la premisa de la historia de dos mujeres que no podrían ser más diferentes: una es la pareja de un príncipe saudí que vive rodeada de lujo en París; la otra, su empleada doméstica y asistente personal, a su disposición las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Este es el punto de partida de Le Triangle d’or, el intrigante debut en el largometraje de Hélène Rosselet-Ruiz, presentado como proyección especial en el 79.º Festival de Cannes. Se trata de un intenso drama de espacios cerrados, observado en todo momento por las cámaras de videovigilancia.
“Buscamos a una persona capaz de ocuparse del día a día de una clienta bastante exigente”. “Preferimos a alguien que nunca haya trabajado con clientes del Golfo”. “Madame no sale de casa”. “Nunca seas más guapa que ella; no le gustaría”. Laura (Malou Khebizi), una francesa de veinte años que está a punto de alistarse en el ejército tras encadenar multitud de trabajos precarios, acaba aceptando un empleo al servicio de la bellísima Souria (Soundos Mosbah) y de Monsieur, el príncipe Al-Saleh (Kassem Al Khoja), de quien, sin embargo, no debe ocuparse. “Cuando él esté presente, no hablas, no le miras a los ojos y, si te dirige la palabra, respondes: “Su Alteza”. Instalada en la planta inferior de una lujosa mansión y cobrando 250 euros al día en dinero negro, la joven descubre un mundo de riqueza desmesurada —piscina incluida—, donde el día a día transcurre entre visitas de masajistas, manicuristas, pedicuristas y representantes de las colecciones privadas de las grandes firmas de alta costura, actitudes que van mucho más allá de la condescendencia —porque “una asistenta no es nadie”—, timbres que suenan a cualquier hora y un despilfarro tan absurdo como efímero para satisfacer caprichos pasajeros. Aun así, Laura necesita conservar ese empleo para ayudar económicamente a su hermana y a su sobrino, y vive con el temor constante —alimentado por Madame— de ser despedida. Todo cambia cuando Emre (Ziad Bakri), el chófer del príncipe, le revela la otra cara de esa opulencia: “A Souria también pueden echarla. No es su esposa; la tiene escondida aquí (...). Cuando volvamos, me contarás todo lo que ha hecho: a quién llama, si recibe visitas, qué compra... todo”. Esa revelación irá implicando poco a poco a Laura, hasta arrastrarla a situaciones cada vez más peligrosas.
El guion, escrito por la propia directora junto a Pauline Guéna, hace avanzar la historia con un ritmo ágil —aunque el desenlace, convertido en un thriller, resulte algo forzado— e introduce con eficacia cuestiones como la posición de la mujer en la cultura saudí —con algunos ecos de la realidad francesa en torno a la visión degradante que ciertos hombres tienen de las mujeres—, los juegos de poder (“hay príncipes y príncipes”) y el dominio que ejercen el dinero y la impunidad. Hélène Rosselet-Ruiz aborda este original y poliédrico relato feminista (“—¿Te doy pena? ¿Crees que no debería quererle? —No deberías permitir que te maltrate”) mediante una puesta en escena que combina imágenes rodadas de forma convencional con las captadas por las numerosas cámaras de vigilancia repartidas por toda la casa, dando lugar a una narración atmosférica e inquietante que deja una profunda huella, aunque la justicia nunca llegue del todo.
Le Triangle d’or es una producción de Les Films de Pierre, coproducida por France 2 Cinéma, MK Productions (Francia), Les Films du Fleuve (Bélgica) y 9245-1236 Québec Inc. (Canadá). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de mk2 Films.
(Traducción del francés)
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