Crítica: Le Corset
por Fabien Lemercier
- CANNES 2026: Louis Clichy entrega una formidable película de animación, de una sencillez cristalina y conmovedora, sobre la trayectoria de un joven que trata de aflojar el férreo yugo de su destino

“¿Crees que necesitamos un hijo que crezca torcido?” A los diez años, lo normal es tener grandes sueños, querer demostrar que ya eres mayor y, en la mayoría de los casos, hacer que tus padres se sientan orgullosos de ti. Pero para Christophe, al comienzo del curso escolar 1986-1987, en el corazón de las llanuras de Beauce (el granero cerealista de Francia), donde su familia regenta una granja, todo se empieza a torcer de repente, empezando por su cuerpo, que se inclina de forma tan incontrolable que no deja de caerse y acaba destrozando el tractor de la granja durante su primera clase de conducción. Es la vida de este entrañable preadolescente la que Louis Clichy ha decidido narrar a lo largo de tres años en el milagroso Le Corset, una pequeña joya de película de animación que ha sido presentada en la sección Un Certain Regard del 79.º Festival de Cannes.
“¡Menudo armatoste!”. Se trata de un corsé Milwaukee metálico que le llega hasta la barbilla y que ahora Christophe debe llevar las veinticuatro horas del día. El aparato hace que en el colegio se burlen de él a todas horas (“Robocop”) y le marginen por completo. Se convierte en una verdadera carga que al chico —que de vez en cuando canta en el coro— le resulta difícil de soportar, tanto física como psicológicamente, pero que, sin embargo, le abre una vía de escape inesperada: convertirse en el pasador de páginas de Michel, el bondadoso organista de la iglesia de Neuvy-en-Beauce. Esta vía de escape le ofrece una nueva forma de ver el mundo que, con el tiempo, se convierte en un profundo aprendizaje musical, mientras que la total falta de comunicación con su padre —cuya granja, muy endeudada, se encuentra al borde del abismo, a merced de la cosecha— alcanza nuevas cotas. A medida que Christophe se acerca a su 13.º cumpleaños, aparece una estrella fugaz, Clara, que le acelera el corazón… Y, en secreto, el chico también ha descubierto una especie de superpoder… Pero la pregunta es: ¿realmente somos los dueños de nuestro destino?
Con un dominio magistral del ritmo de su narración (un guion escrito junto a Franck Salomé) que avanza con paso firme y a velocidad constante en torno a su protagonista, Louis Clichy dirige una película deliciosa, conmovedora como “El Réquiem”, de Gabriel Fauré —que desempeñará un papel clave en la trama—, y divertida como puede serlo a veces la torpe entrada en la adolescencia. Pero Le Corset despliega sobre todo, gracias a la pureza muy sencilla de su animación, una fantástica poesía celestial y terrenal de lo real, lo que no le impide tratar con pequeños toques temas serios (la vocación, la espada de Damocles de la rentabilidad agrícola, los experimentos con semillas, las maniobras de las cooperativas agrícolas, los lazos peternofiliales, la vida rural con sus bicicletas y sus paradas de autobús, etc.). Todo ello conforma un conjunto de temas propicios para la tristeza, pero que el cineasta aborda con tanta dulzura empática que abre un horizonte de levitación a todas las aflicciones.
Le Corset ha sido producida por Eddy Cinema y coproducida por Rhône-Alpes Cinéma y la belga Beside Productions. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Playtime.
(Traducción del francés)
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