Crítica: Moulin
por Jan Lumholdt
- CANNES 2026: Los héroes curtidos de la resistencia francesa se enfrentan a nazis despreciables en el regreso de László Nemes a la era de la Segunda Guerra Mundial

Moulin, presentada en la competición oficial del 79.º Festival de Cannes, marca el regreso de László Nemes a la Croisette tras su ópera prima de 2015, el intenso relato del Holocausto El hijo de Saúl. Ahora, en 2026, Nemes nos vuelve a transportar a la Segunda Guerra Mundial con la misma intensidad, aunque de una manera algo distinta.
Estamos en la Francia de 1943, en el seno de la Resistencia, un entorno por el que el personaje de Saúl habría cambiado encantado sus tareas en el campo de exterminio. Como suele representarse, se trata de una existencia emocionante e incluso romántica, con mensajes crípticos intercambiados entre hombres curtidos con fedoras y mujeres emancipadas con boina, todo ello realzado por farolas atmosféricas, adoquines mojados, pintalabios, cigarrillos y algún que otro beso robado porque sí. Y eso es precisamente lo que encontramos aquí cuando Jean Moulin, nombre en clave Max y alias Jacques Martel, llega desde Londres —en paracaídas y pasada la medianoche, como mandan los cánones— para dirigir el CNR, el organismo encargado de coordinar los movimientos de resistencia en toda Francia. Gilles Lellouche adopta la sólida presencia de Jean Gabin, Lino Ventura o Jean Reno, embarcándose en peligrosas misiones en un universo que podría haber sido perfectamente filmado por Jean-Pierre Melville en modo El ejército de las sombras. Nemes y el director de fotografía Mátyás Erdély saborean todas y cada una de las imágenes (rodadas en 35 mm), especialmente la silueta casi esculpida en mármol del perfil de Lellouche. Es todo un deleite para la vista: nuestro galo indomable, dispuesto a hacerle la vida imposible al invasor.
Pero, como dicta el destino, los invasores acaban oliéndose algo y, cuando la Gestapo irrumpe en una reunión prevista en Lyon, la película regresa al territorio de Saúl: Moulin y sus compañeros son encerrados en la prisión de Montluc, donde les espera una brutalidad insoportable. Entra entonces en escena el principal verdugo y segundo gran personaje del largometraje: el SS-Obersturmführer Klaus Barbie, alias “el carnicero de Lyon”. Lars Eidinger aporta todo el desmesurado carisma del villano bien hablado, refinado, caprichoso, propenso a los estallidos teatrales y absolutamente despreciable que tantas veces hemos visto en el cine, incluso en versiones paródicas; uno de sus subordinados de la Gestapo, con rostro redondo y albino y sombrero negro, parece salido directamente de la serie cómica ’Allo ’Allo!. En el pase de prensa se escucharon algunas risas, aunque también hubo espectadores que abandonaron la sala. Del mismo modo que los héroes de la Resistencia aparecen retratados de forma clásica —hasta el punto de cantar “La Marsellesa”—, los invasores alemanes están dibujados como caricaturas estereotipadas, y desde luego no tienen nada de Mel Brooks, Monty Python o John Cleese. Aquí, cada grito de “¡Schweinhund!” desprende una crueldad absoluta, con pinzas, cables, pastores alemanes babeantes y otras formas de hacer hablar a la gente llevadas al extremo. Incluso hay una oreja arrancada de un mordisco, porque sí. Es historia real, con el mal absoluto actuando en estado puro.
Tras perecer finalmente después de quince días de meticulosas sesiones de tortura, Jean Moulin mantuvo a salvo sus secretos (por su cercanía a De Gaulle, quizá tuvieran que ver con los desembarcos en Normandía). Barbie disfrutó de unas cuantas décadas plácidas en América Latina (con la bendición de la CIA, para vergüenza ajena), antes de ser finalmente extraditado a Francia en 1983, país que para entonces —¿casualidad?— ya había abolido la pena de muerte.
Como suele ocurrir, Nemes y su variopinta cocina cinematográfica sirven aquí un plato especialmente contundente, digno de reflexión y análisis posterior. Que uno tenga ganas de volver a verlo pronto es otra cuestión. El que escribe estas líneas, desde luego, preferirá abstenerse durante una temporada.
Moulin fue producida por la francesa Pitchipoï, en coproducción con Studio TF1, TF1 Films, Umedia y Montmartre Films. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de 193.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 17/05/2026: Cannes 2026 - Moulin
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© 2026 Fabrizio de Gennaro for Cineuropa - fadege.it, @fadege.it
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