CANNES 2026 Proyecciones especiales
Crítica: Lucy Lost
por Savina Petkova
- CANNES 2026: La versión animada para todos los públicos de Olivier Clert de una popular novela inglesa explora el trauma infantil durante la Primera Guerra Mundial

Una de las animaciones más entrañables de la edición del Festival de Cannes de este año —presentada como proyección especial— es una película de época que explora el trauma de la guerra a través de los ojos de una niña de once años. Lucy Lost, ambientada durante la Primera Guerra Mundial, es la nueva producción del estudio francés Xilam (¿Dónde está mi cuerpo?). La cinta, dirigida por Olivier Clert, cuenta la historia de su protagonista (con la voz de Charlie Rosenzweig) de una forma extraordinariamente conmovedora, sin rehuir temas como la alienación y la discriminación, mezclados con el asombro propio de la infancia.
El largometraje comienza cuando Lucy es rescatada en la costa de las islas Sorlingas, cerca de Cornualles, mientras camina dormida. Una visión fantástica nos muestra cómo sus sueños la atraen hacia el agua por una razón desconocida. Lo que sí resulta evidente en los rostros de sus padres es la preocupación y el estigma que rodean a la niña, mientras se piden silencio mutuamente y atenúan la luz durante el regreso a casa.
Parece que Lucy lleva tiempo confinada en el hogar, sin perspectivas de volver al colegio, mientras que su alegre hermano Alfie (Zach Valentin-Dattas) sí puede disfrutar de una vida social normal. Desde la primera escena, una ola de empatía invade al espectador hacia esta familia recién presentada: sus rostros amables y expresivos, así como la ternura de sus voces, transmiten constantemente el deseo de que Lucy se sienta protegida pese a su frágil situación.
La película tarda un tiempo en revelar qué es exactamente lo que preocupa a la familia Wheatcroft y por qué temen tanto por el bienestar de la niña. Además, su cabello completamente blanco se convierte en motivo de burlas y acusaciones de brujería, recordándonos que los niños pueden ser tan abiertos y acogedores como injustos y crueles.
Resulta refrescante encontrar una película de animación que aborde la salud mental infantil con tanta sensibilidad y, al mismo tiempo, con tanta honestidad. A veces Lucy oye voces y, en otras ocasiones, ve a una persona que en realidad no está allí. Es entonces cuando aparece Milly, una traviesa niña estadounidense de su misma edad, vestida con un vestido rosa y un lazo en el pelo, como la amiga imaginaria perfecta para una protagonista tan sola. Gracias a su amistad con Milly, Lucy se atreve por fin a desafiar a sus padres, salir de casa e incluso meterse en pequeños líos.
Lucy Lost adapta la novela Listen to the Moon (2014), del prolífico escritor británico Michael Morpurgo, autor también de Caballo de batalla y El reino de Kensuke. Sin embargo, mientras que el libro presenta personajes adolescentes, la película prefiere centrarse en ellos cuando aún son niños al borde de la adolescencia, una etapa en la que el mundo conserva todavía algo de magia, incluso en medio de una guerra devastadora.
En ese sentido, Lucy Lost es muy consciente de los sentimientos políticos que franceses y británicos albergaban hacia los alemanes durante la época, algo que se refleja no solo en los diálogos de adultos y niños, sino también en el entorno. La tranquilidad de las islas Sorlingas se ve constantemente interrumpida por el ruido de los aviones militares y por las noticias de barcos hundidos en el conflicto.
Gracias al encantador estilo de animación y al diseño de personajes de Camille Bozec, nunca da la impresión de que la distancia entre el duro mundo de los adultos y el universo más puro de los niños sea insalvable. Al contrario, Olivier Clert, que también firma el storyboard, aborda tanto la estética como los temas de la película con una sensibilidad capaz de conectar con espectadores de distintas generaciones.
Lucy Lost es una producción francesa de Xilam Films, mientras que las ventas internacionales corren a cargo de Goodfellas.
(Traducción del inglés)
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