CANNES 2026 Semana de la Crítica
Crítica: Seis meses en el edificio rosa con azul
por Veronica Orciari
- CANNES 2026: Bruno Santamaría Razo combina ficción autobiográfica y documental al seguir a un chico en la Ciudad de México de los noventa que se enfrenta al diagnóstico de VIH de su padre

Seleccionada para la 65.ª Semana de la Crítica de Cannes, Seis meses en el edificio rosa con azul, del director mexicano Bruno Santamaría Razo, es una película autobiográfica que narra un delicado relato situado en la intersección entre la autoaceptación y el duelo familiar.
Ambientada en Ciudad de México a principios de los años noventa, la película cuenta la historia de Bruno, de 11 años (interpretado por Jade Reyes), cuyo padre (Lázaro Gabino) es diagnosticado con VIH. La impactante noticia, que trae consigo un sentimiento de vergüenza junto con cierto temor a la muerte, llega en un momento muy particular de la vida del joven: se está enamorando de su mejor amigo, Vladimir, y empieza a aceptar su homosexualidad.
La experiencia del director en el documental (como Margarita y Cosas que no hacemos) se hace evidente en la fusión entre ficción y realidad. De hecho, los padres de Santamaría Razo (así como el propio director) aparecen a modo de testimonio, mirando a cámara como si se tratara de una sesión de psicoanálisis. Este enfoque dota a la película de un ritmo muy marcado y mantiene al espectador cuestionándose constantemente dónde está la frontera entre lo real y lo ficticio, un tema especialmente presente en Cannes este año, en particular en el título de Pedro Almodóvar, Amarga Navidad, presentado en competición.
Seis meses en el edificio rosa con azul también comparte algunos rasgos con uno de los grandes éxitos del Cannes del año pasado: La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, ganadora de la sección Un Certain Regard. El tema del sida y el VIH es central en ambos largometrajes, que siguen a un protagonista adolescente y se sitúan en América Latina. Curiosamente, también comparten la misma canción (“Ese hombre”) en su banda sonora. No obstante, hay una diferencia fundamental en el enfoque que hace que la obra de Santamaría Razo destaque: mientras que en el relato de Céspedes el virus se disfraza y adopta una forma mística, y la película está impregnada de realismo mágico, aquí nos enfrentamos a la realidad. Y no solo en la narración, que no escatima en cifras ni en otros datos sobre la enfermedad; el propio realizador llega incluso a incluir a los protagonistas reales, entretejiéndolos en la propia urdimbre de la historia.
La fotografía de Fernando Hernández García es uno de los puntos fuertes de la película y, combinada con el diseño de vestuario de Daniela Guardado y Constanza Martínez, así como con el trabajo de Ivonne Fuentes Mendoza como directora de arte, dota al largometraje de un tono sumamente realista, impregnado de nostalgia y familiaridad. Los tonos rosados y anaranjados, mezclados con el grano palpable que aporta la decisión de rodar en 16 mm, dan lugar a unas imágenes muy reconocibles.
El único defecto reseñable es que, aunque la duración no es especialmente larga (105 minutos), la película podría haber estado más ajustada para lograr un efecto más contundente. Da la impresión de que el largometraje diluye la historia para potenciar esa sensación de familiaridad, pero a veces cae en la repetición y sin duda se habría beneficiado de algunos recortes.
Seis meses en el edificio rosa con azul es una coproducción entre México, Brasil y Dinamarca, producida por Ojo de Vaca, con Desvia Produções y Snowglobe Films como coproductoras. Sus ventas internacionales corren a cargo de Luxbox.
(Traducción del inglés)
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