email print share on Facebook share on Twitter share on LinkedIn share on reddit pin on Pinterest

CANNES 2026 Semana de la Crítica

Crítica: Adieu monde cruel

por 

- CANNES 2026: Félix de Givry firma un drama perturbador en el que un adolescente, interpretado por Milo Machado-Graner, querría abandonar su vida, hasta que conoce a un ingenioso aliado

Crítica: Adieu monde cruel
Milo Machado-Graner en Adieu monde cruel

Una de las películas de Robert Bresson que ha conservado mejor su inquietante vigencia es El diablo, probablemente (1977), una obra que en su momento fue prohibida para menores de 18 años en Francia debido a la preocupación por su representación del suicidio adolescente. El debut en el largometraje de Félix de Givry, Adieu monde cruel, realizado bajo la influencia tanto de Bresson como de François Truffaut, parece aún más alejado del lenguaje contemporáneo de la prevención y de las necesarias cautelas en torno a la representación de las ideas suicidas en los medios. Sin embargo, la película desprende una enorme empatía hacia su atribulado protagonista, Otto (Milo Machado-Graner, conocido por Anatomía de una caída), quien toma la impulsiva decisión de poner fin a su vida mientras intenta sobrellevar el acoso que sufre en su colegio católico de secundaria en Normandía. Quienes hayan atravesado sentimientos similares probablemente encontrarán profundamente conmovedor el camino de redención que emprende. El largometraje, presentado como película de clausura de la Semana de la Crítica de Cannes de este año, supone un nuevo paso adelante en la carrera de De Givry, tras haber coescrito y producido la película de animación Arco, nominada al Óscar, y haber protagonizado Eden (2014), el drama sobre música house de Mia Hansen-Løve.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
insularia_Josué

La película, que introduce desde el primer momento una banda sonora extrañamente romántica y melancólica compuesta por Arnaud Toulon, junto con una prominente narración en tercera persona a cargo de la actriz Françoise Lebrun, arranca con una escena de melodrama adolescente descaradamente intensa, pero que aun así resulta fiel a las emociones turbulentas de esa edad. Otto comienza una mañana aparentemente normal en su apacible ciudad natal, Lisieux, enviando varias cartas a sus compañeros de clase para informarles de su decisión de quitarse la vida y responsabilizarlos de ello —es decir, a quienes lo acosan y, por extensión, a todos los demás por permanecer pasivos—. “Esto ha sido un asesinato, no un suicidio”, escribe. Tras arrojarse inicialmente desde un puente bajo a un río, parece que el impacto contra el agua fría y turbia despierta algo en él; cuando logra salir a la orilla, da la impresión de estar contemplando una nueva identidad, una en la que es literalmente la única persona que sabe que sigue vivo.

De Givry también ha citado Los amantes de la noche, de Nicholas Ray, como una influencia fundamental, aunque el autor de estas líneas no pudo evitar pensar en Corazón salvaje, de David Lynch, cuando Otto encuentra a la “Lula” de su “Sailor”. Una noche, mientras rebusca en un contenedor en busca de comida desechada para llevarla al edificio religioso abandonado donde se refugia, Otto es reconocido por Léna (Jane Beever), que parece estar en un curso inferior al suyo. Consciente de que mantener la mentira es más sencillo que afrontar las complicaciones de revelar la verdad, ella le ayuda a ocultarse en el pequeño hotel turístico que regenta su madre, proporcionándole ropa y comida. Es aquí donde el guion, escrito junto a Marie-Stéphane Imbert, comienza a desplazarse progresivamente hacia el punto de vista de Léna, que intenta comprender la singular situación de Otto y actúa también como intermediaria para el espectador al formular finalmente preguntas más directas sobre sus motivos y su estado mental (la omnipresente voz en off de Lebrun habla de sus “ideas fijas sobre la vida”). A medida que los acontecimientos adquieren un cariz cada vez más inverosímil, emerge una atmósfera de fatalismo y, por falta de una palabra mejor, de gracia, mientras el creciente vínculo amoroso entre ambos les lleva a plantearse la posibilidad de escapar juntos, reforzando ese romanticismo oscuro de inspiración claramente lynchiana.

Adieu monde cruel no es una película perfecta y comparte la cierta irregularidad característica de muchos primeros largometrajes. Sin embargo, la pasión de De Givry resulta verdaderamente singular entre las numerosas óperas primas presentes este año en Cannes. Al renunciar a cualquier afán de modernidad oportunista y abrazar sus obsesiones retro y cinéfilas, consigue encontrar una forma original de transmitir el valor y la fragilidad de la vida.

Adieu monde cruel es una producción francesa de Remembers Production e Iliade et Films. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Playtime.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

(Traducción del inglés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy