Crítica: La bola negra
- CANNES 2026: La película de Javier Ambrossi y Javier Calvo entrelaza tres líneas temporales para explorar cómo el deseo sobrevive a los intentos de la historia de borrarlo

En su primera participación en la competición de Cannes, el tándem de directores Javier Ambrossi y Javier Calvo (conocidos colectivamente como Los Javis) firma una obra expansiva y emocionalmente ambiciosa que intenta tender puentes entre la identidad personal, el trauma histórico y los silencios heredados a lo largo de casi un siglo de historia española. Adaptada a partir del texto inacabado homónimo de Federico García Lorca e inspirada asimismo en la obra La piedra oscura, de Alberto Conejero, La bola negra acaba resultando gratificante y a menudo conmovedora, aunque a veces le pesa la escala de sus propias ambiciones.
Ambientada en tres líneas temporales (la España republicana en 1932, la Guerra Civil en 1937 y la España contemporánea en 2017), la película sigue una constelación de vidas interconectadas cuyos ecos emocionales y políticos se desvelan de forma gradual. En lugar de apoyarse en una cronología lineal, Los Javis abrazan la fragmentación y retrasan la revelación, construyendo un rompecabezas narrativo que gana fuerza emocional de manera sostenida hasta que un giro final recontextualiza buena parte de lo visto anteriormente.
El mayor logro del guion reside precisamente en la elegancia con la que se resuelven estos saltos temporales. El montaje se convierte en uno de los principales activos de la película: las transiciones entre épocas son claras, fluidas y siempre inventivas, lo que permite al público transitar por registros emocionales cambiantes sin perder el pulso. Lo que podría haberse convertido en un ejercicio excesivamente enrevesado se despliega, en cambio, con sorprendente soltura.
En lo visual, La bola negra opta por una paleta luminosa. Los colores vivos dominan tanto los pasajes contemporáneos como los de época, y los directores resisten la tentación de representar el sufrimiento histórico exclusivamente mediante tonos apagados. Solo un breve segmento adopta la fotografía en blanco y negro, destacando como una interrupción visual que subraya la memoria y la ausencia más que la nostalgia.
La banda sonora de Raül Refree resulta al principio casi apabullante, marcando los subrayados emocionales con una insistencia poco habitual. Sin embargo, a medida que avanza el metraje, la música se revela más afinada de lo que parecía en un inicio, volviéndose cada vez más sensible a la atmósfera de cada escena y ayudando a guiar la progresiva transición del melodrama hacia algo más poético y contemplativo.
En el apartado interpretativo, todo el reparto mantiene un nivel elevado. Guitarricadelafuente dota a Sebastián (un soldado en la línea de 1937) de una convincente combinación de contención y vulnerabilidad, retratando a un hombre dividido entre el deber y el doloroso descubrimiento de su propia identidad. El Alberto de Carlos González (un investigador en la línea de 2017) se convierte en el ancla emocional del hilo contemporáneo: decidido, contenido y valiente mientras destapa verdades incómodas sobre su familia y lidia con una relación cada vez más difícil con su madre, a la que Lola Dueñas interpreta con su complejidad habitual. Por su parte, el Rafael de Miguel Bernardeau (prisionero de Sebastián) aporta a la película ternura y convicción, encarnando a alguien que sigue creyendo en el amor pese a todo lo que la historia le pone por delante. Por último, el Carlos de Milo Quifes está dotado de la dosis justa de miedo y sensibilidad.
Si bien Penélope Cruz no deja una impresión memorable en su escaso tiempo en pantalla, Glenn Close se adueña de sus escenas como profesora de Literatura Española, aportando destellos de calidez e ironía contenida.
Si hay un problema recurrente, es la duración. Con 157 minutos, La bola negra a veces se alarga más de la cuenta. Algunas secuencias resultan más ilustrativas que dramáticamente necesarias y podrían haberse ajustado sin sacrificar profundidad temática. La falta de refinamiento no está en las ideas de la película, sino en su voluntad de detenerse demasiado.
Con todo, la resonancia emocional y política de la obra resulta difícil de desdeñar. Sin caer en el didactismo, Los Javis sugieren que los derechos y las libertades no pueden darse por conquistados para siempre y que incontables historias de amor corren el riesgo de quedar enterradas en lugar de poder florecer. En una era marcada por el visible auge de la política reaccionaria en Europa, La bola negra halla una pertinencia contemporánea sin forzar paralelismos.
La bola negra es una coproducción hispano-francesa impulsada por Movistar Plus+, Suma Content, El Deseo, Le Pacte y Atresmedia Cine y Televisión. Goodfellas gestiona sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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