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CANNES 2026 Quincena de los Cineastas

Crítica: I See Buildings Fall Like Lightning

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- CANNES 2026: Clio Barnard regresa con un contundente drama coral ambientado en la Birmingham obrera, que sigue a cinco amigos de toda la vida mientras afrontan nuevos retos al cumplir los 30

Crítica: I See Buildings Fall Like Lightning
Anthony Boyle, Joe Cole, Jay Lycurgo, Daryl McCormack y Lola Petticrew en I See Buildings Fall Like Lightning

Las ciudades inglesas (en el sur, pero sobre todo en el norte) suelen ser paisajes de torres grises y bloques de pisos anodinos. Construidas en su mayor parte a finales de los años sesenta, estas estructuras se han convertido en emblemas de una época de especial esperanza, progreso social y comunidad para la gente de izquierdas del país, y Clio Barnard las invoca con astucia en su último largometraje: I See Buildings Fall Like Lightning, que acaba de alzarse con el premio del público en la Quincena de los Cineastas de Cannes (ver la noticia). Siguiendo a cinco amigos de toda la vida cuando se acercan a la treintena, Barnard los retrata como una especie de “comunidad”, aunque en última instancia fracturada por las sombrías perspectivas que ofrece el Reino Unido para la vida de la clase trabajadora en 2026, incluida la actual crisis de la vivienda. Aun así, la energía de la película se ve lastrada por el miserabilismo y el melodrama en los que cae a menudo el realismo social británico.

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Ambientada en la ciudad de Birmingham, la película se abre y se cierra con dos temas del clásico álbum de garage de 2002 Original Pirate Material, de The Streets, algo que resulta pertinente, pues el músico (cuyo nombre real es Mike Skinner) es uno de los hijos culturales predilectos de la zona. Sin embargo, resulta algo anacrónico, ya que pertenece a una generación alejada de lo que probablemente encajaría con los gustos de los personajes. En la secuencia inicial, los cinco colegas, Rian (Joe Cole), Patrick (Anthony Boyle), Oli (Jay Lycurgo), Conor (Daryl McCormack) y Shiv (Lola Petticrew), bailan y beben (con consumo de drogas duras incluido) en un pub y luego en un club para celebrar el 30 cumpleaños de uno de ellos, y todo parece bastante optimista. Sin embargo, a medida que conocemos sus ocupaciones y responsabilidades, y se van trazando las líneas narrativas (cortesía del guionista Enda Walsh, que adapta la novela de Kieran Goddard), se instala una atmósfera de previsibilidad y fatalismo.

Con insertos de montaje rápidos de demoliciones de bloques de viviendas que interrumpen a menudo la acción (Barnard es, en efecto, una estilista visual más rotunda que Leigh o Loach), descubrimos que Conor es el jefe de obra de un nuevo proyecto de viviendas asequibles, financiado con una gran inyección de capital de Rian, que se ha hecho bastante rico (lo que lo aleja en parte de su origen humilde) gracias a lo que él describe como “trading y acciones”. Oli trafica con heroína, pero finalmente da un giro ético (y además adopta un perro callejero que encuentra durante una “entrega”) y le pide trabajo a Conor; Patrick, el único del grupo con estudios universitarios, malvive gracias a una app de reparto, mientras que Shiv hace de “madre” de sus dos hermanas, mucho más jóvenes.

Con la situación agravada en gran medida por las dificultades de Conor como padre primerizo y sus problemas de equilibrio económico mientras intenta combinar la base financiera de Rian con algunos recortes de gastos por su cuenta, el grupo entra en una espiral descendente, con Barnard transmitiendo con fuerza la carga emocional de cada uno. La observación más lúcida, además de las críticas a la política de vivienda neoliberal que articula el políticamente concienciado Patrick, es que esta pandilla ha seguido unida y, cabe decir, ha involucionado, en lugar de forjar vínculos adultos más maduros. Como fuentes imperfectas de solidaridad y confidentes a los que pedir consejo, acaban sacando lo peor de cada uno, y la escritura y la puesta en escena poco sutiles de la película también impiden que sus tribulaciones emocionales conecten de verdad con nosotros.

I See Buildings Fall Like Lightning es una producción de la británica Moonspun Films, con el apoyo de BBC Film y del BFI. Sus ventas internacionales corren a cargo de Charades.

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(Traducción del inglés)

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