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CANNES 2026 Quincena de los Cineastas

Crítica: Le Vertige

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- CANNES 2026: La primera cinta de animación de Quentin Dupieux nos adentra en el valle inquietante, siguiendo a unos avatares con fallos de Alain Chabat y Jonathan Cohen

Crítica: Le Vertige

Son las cinco de la mañana y un Alain Chabat animado acaba de plantarse en tu casa, impaciente por contarte que acaba de descubrir que la realidad es una simulación y que, en el fondo, nada de lo que hacemos tiene verdadera importancia. Bienvenido al mundo (modelado a partir de un videojuego de mundo abierto del estilo Y2K) de Le Vertige, la nueva película de Quentin Dupieux, que vuelve a divertirse tanto con nosotros como consigo mismo al tiempo que reflexiona sobre algunas de las cuestiones que le rondan la cabeza. Tras Full Phil, su otra película estrenada esta semana en el Festival de Cannes, se percibe en el trabajo actual del director una mayor madurez y capacidad de autorreflexión; lejos quedan los tiempos en que simplemente quería hacer películas sobre neumáticos asesinos en serie. Le Vertige se presenta como un comentario sobre nuestro presente visual, cada vez más saturado por la inteligencia artificial. Dupieux, nostálgico de los gráficos de baja resolución de los primeros tiempos de la animación por ordenador, tiene probablemente razón al sugerir que antes existía una categoría mejor de “imagen pobre”, una expresión cada vez más difundida acuñada por la artista Hito Steyerl en su manifiesto de 2009 In Defence of the Poor Image. La cinta ha sido recibida entre carcajadas en el Théâtre Croisette como película de clausura de la Quincena de los Cineastas.

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Solo Dupieux podría haber concebido una fusión entre Grand Theft Auto y el pensamiento de Jean Baudrillard. Al tratarse de una persona desconstruccionista por naturaleza, no resulta extraño que esa tendencia le haya llevado finalmente a interesarse por la filosofía en un sentido más amplio. Cuando Jacky (Alain Chabat), un banquero, se reúne con Bruno (Jonathan Cohen), compositor de música publicitaria, en el salón de su apartamento, este último escucha encantado las teorías del primero, que le señala extrañas anomalías visuales: un pájaro que bate las alas bajo una tapa de alcantarilla o el hecho de que su hija Claude nazca —en plena escena— sin cordón umbilical. Estos gags van mucho más allá de la pseudofilosofía de barra de bar, y funcionan porque transmiten la peculiar memoria y la capacidad de observación de Quentin Dupieux respecto a los videojuegos antes mencionados (especialmente Los Sims y World of Warcraft) y a los fallos extrañamente poéticos de esos simulacros de realidad de baja fidelidad, a través de los cuales casi podíamos percibir físicamente los “límites” de sus mundos. Esta idea se desarrolla aún más durante una conversación con un filósofo (Christophe Bourgeois) al que encuentran por casualidad y que asegura llevar años explorando el tema. La charla aborda analogías con los mitos religiosos de la creación y con la teoría psicoanalítica del estadio del espejo. Como dice Neo en Matrix, oportunamente citado por Bruno durante el intercambio: “¡Guau!”.

Quizá la animación siga siendo para Quentin Dupieux una pequeña incursión puntual y no llegue a convertirse en una faceta permanente de su obra. Resulta evidente que disfruta colaborando con el grupo de actores habituales que ha ido reuniendo a lo largo de los años; sin embargo, las imágenes duras, iluminadas artificialmente, y los rostros impasibles de los avatares nos privan de la conexión que normalmente tendríamos con personajes interpretados por actores de carne y hueso. Además, las imágenes de aquellos videojuegos se contemplaban generalmente en monitores CRT y televisores analógicos, no en pantallas LCD ni, mucho menos, bajo el brillo impecable de una proyección DCP en 4K. Tal vez, mediante esta audaz elección visual, casi dialéctica, Dupieux esté sugiriendo que ni las imágenes de Le Vertige ni las generadas por motores de vídeo basados en IA como Seedance pueden competir con nuestros viejos y fiables sentidos, y que no resulta extraño que personajes como Jacky y Bruno comprendan rápidamente que su “realidad” no es verdaderamente real.

Le Vertige ha sido producida por la francesa Chi-Fou-Mi Productions.

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(Traducción del inglés)

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