Crítica: Spacetime Chronicles
por Camillo De Marco
- La película de animación de Stefano Bertelli conjuga recuerdos y experiencias existenciales con las teorías sobre el espacio-tiempo a través de la fascinante técnica del stop-motion en papel

Dios no juega a los dados con el universo, pero el cine sí. Y también lo hace Stefano Bertelli con Spacetime Chronicles, un largometraje de animación independiente y de bajo presupuesto que continúa su recorrido por festivales con su estreno italiano en el Milano Film Fest y su estreno francés en la sección Contrechamp del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, y todo ello tras haber pasado por Anima Brussels, BAFICI, Raindance, Galway, Columbus y Morbido Fest.
Bertelli, ganador de un Webby Award, lleva más de veinte años dirigiendo y produciendo videoclips, tanto de imagen real como de animación (incluyendo el uso de inteligencia artificial), para artistas de fama mundial como Eminem, She & Him, The Driver Era, Coyu & Moby, Robbie Williams y Monsta X. Técnicamente, Spacetime Chronicles es su segundo largometraje: en 2014 dirigió Acid Space, una experiencia animada “artesanal” que exploraba métodos alternativos a la producción de imagen real y que dio origen a una forma de producción basada principalmente en el stop motion con figuras de papel. Aquella experiencia desembocó primero en un cortometraje de unos 24 minutos y, finalmente, en Spacetime Chronicles, desarrollado junto a Riccardo Orlandi, responsable de la construcción de los decorados y de la mecánica de la animación.
Spacetime Chronicles relata el viaje interior de un joven atrapado entre la realidad y la imaginación. La película comienza con un avión de pasajeros precipitándose del cielo, un agujero negro que expulsa cubos negros y el punto de vista del protagonista, Fred, que sube a un autobús para ir al colegio. Suena la campana y los estudiantes esperan nerviosos un examen. Fred corre al baño para vomitar un líquido verde esmeralda que pronto se transforma en un río, evocando la famosa escena del ascensor de El resplandor. Tras conocer “por casualidad” a una chica, y gracias a la ayuda de un misterioso libro, Fred intenta reencontrarse con ella en Tokio, adonde se ha trasladado por trabajo, mientras trata de resolver un dilema. Sin embargo, nada parece destinado a tener un desenlace. Desde el primer momento queda claro que la narración está lejos de ser lineal. En su primera experiencia como guionista, Bertelli entrelaza recuerdos y vivencias, miedos y angustias existenciales, la teoría de la gravitación de Albert Einstein, la termodinámica de los agujeros negros estudiada por Stephen Hawking, la relación entre espacio y tiempo y los conceptos de azar y determinismo. Todo ello acompañado de referencias a las novelas de catástrofes de James Calloway, la ciencia ficción ucrónica, el cine distópico y las denominadas mindfuck movies (especialmente Donnie Darko).
El resultado podría haber sido más fluido con un guion más contenido y accesible, pero para disfrutar de la película no es necesario seguir al pie de la letra los discursos filosóficos del gato con gafas oscuras (sí, hay un gato parlante llamado Freud que representa la conciencia de Fred); basta con dejarse llevar por la sensación de desastre inminente creada por el enorme y fascinante trabajo del director.
Desde el punto de vista visual, Spacetime Chronicles recuerda a una de las series de animación más irreverentes y sarcásticas de la historia de la televisión: South Park. De hecho, su episodio piloto se realizó mediante la técnica de animación recortada (cut-out animation), posteriormente trasladada al ordenador. También Michel Gondry ha trabajado con papel, cartón y materiales reciclados animados mediante el laborioso procedimiento del stop motion. Sin embargo, lo que más impresiona de Spacetime Chronicles es el extraordinario dinamismo y la intensidad dramática de sus secuencias de acción, logrados mediante la combinación del stop motion con la cámara superlenta. Resultan especialmente disfrutables no solo las explosiones, sino también los minuciosos detalles de los recortes, todos realizados a mano: las escaleras mecánicas, el sushi y el barrio de Jingūmae en Tokio, los videojuegos de los años 80, la cabina de mando de un Boeing 737 o la caracterización de los personajes que se mueven a través de dimensiones entrelazadas en un espacio donde cada observador posee su propia percepción del tiempo. Justo lo mismo que hace el cine.
Spacetime Chronicles ha sido producida por Seenfilm. Las ventas internacionales corren a cargo de la francesa Urban Sales.
(Traducción del italiano)
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